Creado en: noviembre 28, 2021 a las 12:34 pm.

Conversación con una mujer de karma

La escritora Dazra Novak, ganadora del Premio Ítalo Calvino, 2020./ Foto del autor.

Su nombre remite a alguien de otro país, sin embargo, es, a su manera, una auténtica cubana. Dazra Novak dejó de ser una joven promesa de las letras cubanas para convertirse en una narradora probada, eso sí, auténtica y particular.

Siempre me he preguntado por qué encierra detrás su verdadero nombre, Mairely Ramón Delgado, en este de Dazra. Prefiero especular, y ella me ha dado la medida tangible, que es un ser en beligerancia hacia las tribunas y prefiere, como máscara contra este mundo predibujado e inmediato, decir toda su verdad desde ese nombre. 

Acaba de ganar la XI edición del Premio Ítalo Calvino de Novela, 2020, con la novela Cherie. El jurado, por unanimidad, basó su criterio en el diálogo que establece la autora con la creación plástica de la destacada pintora cubana Rocío García. El amor, la violencia y la búsqueda de la belleza, son elementos de aprendizaje en el imaginario creado por ella. La novela, permeada de atmosfera dramática y sugerente, describe algunos de los impulsos más oscuros del ser humano.

Indago sobre esta escritora y no solo en la escritura destaca, también en otras facetas como la de productora cinematográfica. Posee un blog, Cuerpo Público, nombre homónimo de uno de sus libros, en el que publica y pone a disposición de los lectores todos sus escritos, incluso, inéditos.

Su trayectoria literaria ha sido intensa y significativa, varios premios y títulos así lo atestiguan. Ahora suma a su vida una responsabilidad importante: la dirección del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, aplaudido y satanizado también en algún momento, legado en vida de su progenitor, el escritor Eduardo “El Chino” Eras León. 

Estamos en la sala Villena de la UNEAC y alguien me “sopla” quién es el ganador, o, mejor dicho, la ganadora, y quedo tranquilo, contento. No me asombra que lo haya ganado esta mujer particularísima.

Llega casi al comenzar la ceremonia. Se le ve tranquila, estanca. Nada de ambages y afeites, ni poses triunfales. Viste una combinación de colores oscuros y claros, apelando, tal vez, a la resolución del Yin y el Yan, el equilibrio de la naturaleza que no le permite a quien lo profese veleidades.

Ya casi al final del encuentro, entre la “marea perversa” del vino italiano, le pido unas palabras.

«Cherie viene siendo un salto mayor»

-En qué etapa creativa de tu vida llega este premio, me explico, ¿estabas en pauta, tal vez un impasse o en plena germinación creativa?

Esta obra en particular representa un salto en lo que he hecho hasta ahora. Quizá un segundo salto. El primer bloque yo lo contemplo como mis primeros libros de cuentos y la primera novela, Making of. Después de esto viene un pequeño salto con Niños en la casa vieja, mi segunda novela que pronto saldrá publicada. 

Cherie viene siendo como un salto mayor. Es un proyecto mucho más ambicioso, es ya una historia de vida. Me llevó tres años escribirla. Fue dura su escritura. De hecho, después de terminar esta novela han pasado dos años en los que no he escrito. También porque empecé a dirigir el Centro Onelio.

Esta novela me sirvió para deshacerme de todo aquello que me había introducido en la existencia del personaje para poder narrarla. Me acerqué a la vida de la pintora Rocío García. Fue bastante difícil. El mundo del arte, en este caso el pictórico, es todo un reto. No es lo mismo la ficción pura que ficcionar a partir de un personaje de la vida real. Fue todo un desafío.

Te repito, ha sido un salto grande. Ahora estoy en un período de descanso. Imagino que venga otro proceso creativo donde vuelva a cuestionarme, vuelva a hacerme preguntas y trate de crecer y reinventarme una vez más. Esta novela ha sido un salto importante dentro de todo lo que he escrito.

– ¿Pensaste de antemano presentarla a este certamen o fue una oportunidad que se te dio?

Fue una coincidencia. Me había forzado en terminarla porque ya tenía la propuesta de dirigir el Centro Onelio. Sabía que no iba a tener mucho tiempo para dedicarle a su escritura a partir del momento que aceptara. Ya llevaba tres años trabajando, arduamente, forcé un poquito su cierre. Al terminarla salió la convocatoria del Calvino y ví que era una oportunidad para que la leyesen y la valoraran.

-Vínculos con la obra ítalo-calviana, por supuesto, si existen en tu narrativa. ¿Tienes algún viso de sus escrituras, hay eco de estas en esta novela?

No, no creo que tenga vínculos directos con la novelística de Ítalo Calvino, aunque, a partir de lo expuesto en su obra respecto a lo experimental y la búsqueda, puede que haya allí un punto de contacto con mi obra.

Dazra junto al Embajador de Italia en Cuba, Roberto Vellano; Daniele Lorenzi, presidente de ARCI-Italia y Alberto Marrero, presidente Asociación Escritores, Uneac. /Foto del autor.

«El mundo es uno solo y la literatura también»

-Eres mujer literata, ¿crees que exista una literatura hecha por mujeres o una literatura hecha para mujeres?; ¿escribes desde una perspectiva femenina?

Yo escribo desde una perspectiva femenina. El mundo es uno solo y la literatura también. Estamos los escritores y las escritoras, y estamos, sobre todo, las personas que vivimos desde nuestra perspectiva, experiencia de vida, sentimientos, emociones. Ahí es donde está la diferencia.

-Luego entonces, escribir para ti es oficio, vida, motivación, karma, evasión, ¿qué es la literatura para Dazra Novak?

Para mí, vamos por vida y karma, no podría vivir de otro modo. La literatura en mí es una necesidad. Esa necesidad me llamará, en breve, otra vez a la puerta. Escribir me cambia el ánimo, en mí es una cosa vital, es algo que va conmigo, no sé para otras personas.

Por supuesto, seguiré dedicándole un tiempo al Centro Onelio, a aspirantes y escritores sin abandonar la escritura, no está en mis planes ni tengo fuerzas para ello.

Pandemia: «Las personas se están cuestionando la vida entera»

-¿Este tiempo de pandemia qué ha significado para ti desde la creación y lo existencial?

Ha sido un período muy duro en todo sentido. A parte del trabajo en el Centro Onelio, que ha merecido mucho esfuerzo y disciplina de mi parte, me ha coincidido con problemas personales, familiares, enfermos. Fue un reto en todo sentido.

– ¿Eso lo has reflejado en tu escritura más inmediata, ese sentir de una pandemia que nos cambió la vida?

No he escrito mucho en este período, pero, sospecho cuando reanude mi escritura –ya siento la necesidad de escribir y en breve sé que lo volveré a hacer— que va a salir, por fuerza tiene que salir. Ha sido demasiado fuerte la experiencia.

-Últimamente han existido algunas convocatorias que presumen una nueva égida en el arte bajo esta condición pandémica, de un antes y un después. Se habla de una nueva concepción del teatro, el llamado teatro digital. En las artes plásticas se pretende una nueva concepción bajo esta premisa. ¿qué piensas que pueda suceder en la literatura al respecto, habrá un parte aguas?

Creo que sí, aunque quizá más en el vehículo y no tanto en el contenido. Pienso que el contenido va a ser mucho más fuerte. Se va ir mucho más a lo íntimo. Las personas se están cuestionando la vida entera, qué he hecho con mi vida y hacia dónde voy luego de esta experiencia, sobre todo, eso.

Eso saldrá en cualquier tipo de arte. Claro, tiene que cambiar la manera porque esta digitalización forzada también te lleva a nuevos experimentos y a pensar de otras formas. Creo que sí, se va a marcar una gran diferencia.

Creador y funcionario: «Si te disciplinas, se pueden hacer las dos cosas»

-Hay cierta dicotomía planteada respecto al artista y su asumir como administrativo. La responsabilidad le roba al artista, se dice. Tu eres creadora y funcionaria, ¿cómo conjugas ambas cosas?

No te niego que es difícil. Lo que pasa que hay que ser muy disciplinado con el tiempo y saberlo repartir. Quizá sea que tenga ciertas habilidades para lo práctico, he hecho muchos trabajos en la vida.

Uno que me ha ayudado mucho es el trabajo de producción cinematográfica, me dediqué en momento a esa profesión. La producción te da un sentido práctico del tiempo, cómo organizar los procesos y llevarlo a hecho. De esa práctica y experiencias en el cine salió mi novela Making of.

Si te disciplinas, se pueden hacer las dos cosas. No lo veo tan duro. En este instante, de reparaciones en el Onelio, ha sido duro, pero, cuando termine y tenga en funcionamiento el lugar, con vitalidad, todo será más fácil; puedo repartir las tareas y repartirme mi tiempo también para lo creativo. Es como cambiar el chip o ser dos personas en una.

De algún modo, el trabajo en el centro me ha salvado, no te lo niego, me ha mantenido la mente ocupada. He pasado de esas carencias y urgencias diarias en preocuparme por solucionar cosas muy puntuales y prácticas. Hablamos de un lugar que estuvo en reparaciones durante tres años.  Llevo dos allí. Ha sido un trabajo de resistencia, muy fuerte.

«Uno bebe de todo…pero me siento desde mi rincón»

– ¿Te consideras como parte de alguna generación o promoción generacional con sus particulares estéticas?, ¿o eres un ente aparte que actúa a sus expensas y necesidades expresivas?

La verdad es que no, me siento más alejada de todo, como un electrón suelto. Si bien puedo conectar con alguna tendencia –lo diverso, no tengo problemas con eso, uno bebe de todo—, respeto todos los movimientos, agrupaciones y todas las generaciones.

Me siento como desde mi rincón y desde allí observo, tiendo la mano y salgo cuando me hace falta; ayudo cuando hace falta y después regreso nuevamente a mi rincón. Soy del silencio y la tranquilidad, de pensar y sopesar bien las cosas. No soy de grandes aspavientos ni de mucha publicidad.

-Sin ser el ombligo del mundo, ¿cómo ves la literatura cubana frente a las tendencias internacionales?

Creo que la literatura cubana, pensando en este instante, está en un momento de transición. La gente de adentro de la isla está consumiendo lo que se está produciendo fuera de esta. Hasta donde he podido leer y conocer, tampoco es que lo foráneo tenga esa gran calidad. Hay una velocidad de la vida que le está imprimiendo a la creación y no le hace bien.

Nosotros no estamos alejados de eso. Hay mucha gente ávida de montarse en ese carro. Van a venir tiempos muy difíciles, aprenderemos de eso y creceremos. En algún momento mucha gente va a sacar de ahí algo bueno. Yo confío en la literatura cubana y en sus escritores, pero, ahora mismo, estamos en un proceso de transición y que habremos de pasar por fuerza. Analizarnos nosotros mismos y hacer una buena literatura.

-Y desde tu posición como directora de un centro de formación de escritores, ¿cómo insuflas esa convicción, tiene el Centro Onelio alguna estrategia particular?  

Una de las cosas que me propongo es incidir en la visión crítica de la creación. Otra de mis intenciones es hacerla dialogar con otras artes. Se trata de siempre lanzarles preguntas, siempre cuestionar lo que está.

La parte técnica del programa de enseñanza, es excelente, nadie lo discute, eso lo diseñó Eras. Quisiera incidir en la otra parte, la creativa. Incidir y tratar de sacar lo que trae cada estudiante, es lo más difícil. Es llevar a cada uno a preguntarse quién es y que aflore las diversas miradas. La mirada crítica de la persona hacia el mundo que lo rodea y acercarlos a lo que se está haciendo ahora. Es uno de los ejercicios que más estamos haciendo. Es vital para los que comienzan, a salvo aún.

– ¿Alguna cosa nueva en el tintero?, ¿qué se plantea Dazra Novak para ya?

Como creadora nuevos desafíos. Este premio que acabo de recibir es un compromiso de subir un nivel más y de que la próxima obra quede mejor que esta. Lo que me interesa es crecerme y superarme a mí misma. Siempre compito conmigo misma, no me interesa competir con nadie más. Por ahí va mi intención.

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