Creado en: noviembre 29, 2021 a las 08:41 am.

El gran acuarelista de la poesía antillana



A finales de 1983 atendimos en Bolivia a una delegación cultural presidida por Luis Morejón, Vicepresidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), e integrada entre otros por el gran declamador Luis Carbonell (1923-2014) y la popular cantante y vedette Farah María (1944-2020).


De La Habana recibimos un mensaje donde expresaba que el Comandante Juan Almeida planteó la orientación de Fidel de atender a Luis Carbonell especialmente, tomando en cuenta la salud, la altura de la ciudad, a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar, la edad, tenía más de 60 años, había nacido en Santiago de Cuba el 26 de julio de 1923 y otras consideraciones. Atendiendo esa orientación lo alojamos en nuestra casa y forjamos una amistad que perduró hasta el final de su vida.


Cada día preguntaba por las noticias de Cuba, incluyendo hasta el clima. Se interesaba por la situación de Bolivia y los acontecimientos internacionales. Estaba bien informado, era muy metódico y disciplinado, no descansaba. En los tiempos libres se dedicaba a leer, estudiar, memorizar los poemas de su amplio repertorio, entre ellos los del venezolano Aquiles Nazoa, el puertorriqueño Luis Palés Matos, el mexicano Juan José Arreola, el español Federico García Lorca y los cubanos Nicolás Guillén, José Zacarías Tallet, Emilio Ballagas y Ernesto Matute. También escuchaba las emisoras radiales especialmente las musicales, poseía una gran cultura y era un placer conversar y escuchar sus anécdotas.

Farah María todos los días lo llamaba por teléfono o venía a visitarlo, muchas veces almorzaba con nosotros, en una ocasión aprovechando su presencia decidimos resolver algunos asuntos pendientes en la Embajada y nos demoramos más de lo acostumbrado. De pronto la recepcionista me localizó de forma urgente, al ir a verla, estaba rodeada de algunos compañeros y muy nerviosa me informó que recibió una llamada de Farah María solicitando urgente nuestra presencia porque Carbonell se estaba muriendo. Los reunidos planteaban la necesidad de ingresarlo urgentemente, llamar a una ambulancia, especulaban sobre un infarto o estaba afectado por el soroche (mal de altura).


Cuando llamamos a Farah aclaró que la recepcionista no terminó de escucharla o interpretó mal, porque ella dijo que se estaba muriendo de frío, a Carbonell le habíamos sugerido que por las bajas temperaturas, antes de bañarse debíamos encender el calentador, ubicado en la planta baja de la casa y la estufa de la habitación hasta que ambas alcanzara la temperatura conveniente y para ello era necesario esperar un tiempo prudencial. El Maestro entró a bañarse y en lugar de abrir la llave del agua caliente, abrió la fría y no atinaba a cerrarla y comenzó a pedir auxilio, hasta que Farah María le alcanzó frazadas para arroparlo y como comenzó a temblar se alarmó y por eso llamó.


Al llegar a la casa estaba recuperado y sonriente decía no comprender porque en ese lugar tan alto y un clima horrible pudo construirse la hermosa ciudad. Temerosos que lo afectara alguna gripe o neumonía llamamos a los doctores Jaime Vela y Adolfo Bustillos graduados de médicos en Cuba. Carbonell no estaba de acuerdo en molestarlos y le respondimos, es por su salud y por las indicaciones de Fidel y le contamos sobre el mensaje del Comandante Juan Almeida. Se emocionó profundamente y murmuró palabras de elogios y agradecimiento. Los médicos acudieron rápidamente. El incidente no fue olvidado, cada vez que nos encontrábamos con Farah María con mucha gracia, simpatía y gestos se refería a ese hecho.

Una de las presentaciones fue en el restaurante “Los Escudos”, ubicado en El Prado y considerado de máxima categoría y distinción. Farah María se hizo dueña del escenario, cautivó a los asistentes, los aplausos fueron atronadores, después de ella era difícil para cualquier artista superarla.


El presentador refirió que Carbonell había actuado en Estados Unidos, Venezuela, México, Panamá, Nicaragua, República Dominicana, Colombia, España y Puerto Rico. Alguien del público gritó y que el argentino Biondi lo llamó un acuarelista de la poesía, porque le daba color o las pintaba. El poema de Jorge de Lima “La negra fuló” tuvo que repetirlo y como en todas las ocasiones terminó con el de Ernesto Víctor Matute, “Elogio de un poeta a su Isla Antillana”. El público se puso de pie dando vivas a Cuba, a Fidel y la Revolución.


Traigo mi Isla debajo del brazo / Y todos me preguntan: / ¿Es un cocodrilo verde? / Yo digo que sí. / Y, me sonrío. / Eternamente verde, / Crucero entre las dos Américas, / mi Isla es una gota de esmeraldas / ceñida por los mares / y en ella baja a prolongarse el cielo.


Mi Isla tiene un verde limpio / La Luna baja a sus riachuelos / a lavarse la cara / y a perfumarse el pelo. / En los frescos valles de mi Isla / Hay fuego de perfumes / Y éxtasis de románticas palmeras
¿Cuánto vale tu Isla? Pues mira / para los que nacimos en ella / casi no vale nada, / pleiteamos sin razón y sin sentido / y cualquiera se adueña de la tierra. / Para mí vale más que las glorias de España / y que el oro del Norte / Ni la abandono, ni la insulto, ni la vendo. / Traigo mi Isla debajo del brazo / y a nadie se la entrego. / ¡Quién ha visto que un hombre con orgullo / quiera vender su cocodrilo verde!.


A Carbonell y Farah los llevamos a visitar algunos lugares de interés entre ellos al Valle de la Luna, donde las montañas sin vegetación presentan diferentes colores y con las sombras del sol los cambiaban, creando ilusiones ópticas semejante a obras de arte. El lugar era conocido como el Valle de las Animas, pero en 1969 el Cosmonauta norteamericano Armstrong al visitarlo comentó la similitud con los paisajes lunares y desde entonces se conoce como el Valle de La Luna.


De regreso almorzamos en el restaurante “Los Lobos” en el barrio Aranjuez, en las afueras de la ciudad, con jardines, completamente arbolado, fuentes de agua y presencia de hermosas aves, donde se encontraban la mayoría de las mesas, muy concurrido los sábados y domingo por familias completas que disfrutaban la excelente comida y actividades culturales. Era llamativo porque en la ciudad de La Paz apenas crecen los árboles y las plantas ornamentales, entre ellas las rosas, por las noches debían ser protegidas por los intensos fríos y nevadas.


Un domingo un grupo de cubanos y bolivianos graduados de estudios superiores en nuestro país organizaron una comida para rendirle homenaje. Le dieron una gran acogida y expresaron frases de añoranzas, fidelidad a la Revolución y al Comandante en Jefe. El gran acuarelista comentó que no podría vivir fuera de Cuba porque moriría de nostalgias y tristezas, se sentía obligado cada año ir a Santiago de Cuba, recorrer sus calles y respirar profundamente porque en esa ciudad estaban sus raíces, que nadie podría arrancar.


Narró sus actuaciones en Nueva York, Madrid y en el Cabaret Tropicana y sus encuentros con Joséphine Baker, Jorge Negrete, Los Panchos y Pedro Vargas y afirmó que vivió y actuó en numerosos países, pero ninguno era como Cuba, que de su actuación en Venezuela, Alejo Carpentier escribió una crónica. Se refirió a sus producciones artísticas cuando fue inaugurada la televisión cubana donde compartió y cultivó amistad con Rosita Fornés, Esther Borja y Ernesto Lecuona, quien lo catalogó como un genio de la poesía negra.


Relató el regresó a Cuba después del triunfo de la Revolución y se consagró a defender y divulgar la cultura cubana, en sus giras se encontraba con cubanos que habían abandonado definitivamente el país y le aseguraban nunca más fueron felices y sus hijos eran cubanos independientemente del país donde nacieron o la nacionalidad de sus conyugues.


Dijo que a veces pensaba que los Orisha habían traído de África una brujería que lanzaron al aire y al respirarlo no se podían vivir sin ella, el aire, el mar, la naturaleza, la cultura, especialmente la música, las danzas y la poesía eran el componente de esa cubanía. Manifestó que la historia de las luchas de nuestro pueblo, especialmente José Martí, Antonio Maceo y Fidel Castro eran factores principales de la unidad del pueblo cubano.
Un día lo llevamos a recorrer los mercados de artesanías, valoraba el arte, el colorido y la belleza de cada pieza, preguntaba la forma de su elaboración. Se interesó por una muñeca típica, para su hermana Silvia, que desde niña las coleccionaba, una billetera tejida con lana de llama para su hermano Noel y otras pequeñas piezas para las demás hermanas. Le compramos una especie de guayabera de las que usan en la zona tropical de Bolivia.


Con gran delicadeza sugirió algún recuerdo para Farah María, y juntos escogimos una cartera típica del altiplano. La noche de despedida le ayudamos a preparar su equipaje y dijo que quería grabarnos un mensaje de agradecimiento, y recitarnos el poema de Matute “Elogio de un poeta a su isla antillana”, que sabía nos gustaba mucho. Lo despedimos con gran cariño.
Cada cierto tiempo lo saludábamos y asistíamos a algunos de sus recitales y presentaciones. Ansiosos esperamos la biografía que el compañero Oscar Oramas, prepara sobre esta gran personalidad de la cultura cubana. Seguramente será exitosa porque conocemos su profesionalidad y rigor histórico unido a su experiencia como embajador, vice-ministro de Relaciones Exteriores donde ocupó importantes responsabilidades, miembro de la UNEAC y autor de varios libros entre ellos: “El alma del cubano: su música”, “Los Ángeles también cantan”, sobre la vida de Omara Portuondo.


La trayectoria de Carbonell o Luis Mariano Carbonell Pullés como era su nombre, fue muy fructífera, realizó un memorable recital en Casa de las Américas donde interpretó al piano piezas de compositores clásicos y cubanos y declamó cuentos y estampas populares afroantillanas. Recibió múltiples reconocimientos nacionales e internacionales entre ellos el otorgado por Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba que lo condecoró con su máxima distinción: “La Réplica del Machete de Máximo Gómez”. Fue acreedor de los premios nacionales del Humor y de la Música, la Orden Distinción por la Cultura Nacional, la Raúl Gómez García y Artista Emérito de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y fue reconocido como hijo Ilustre de Santiago de Cuba.

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