Creado en: abril 5, 2021 a las 07:47 am.

El tema de la ciudad moderna en «Polvo de alas de mariposa»

Pareciera que el único poema de la colección Polvo de alas  de mariposa que trata el tema de la gran metrópoli es aquel que reza: “La ciudad es grande, cierto, / y rica y brillante, y bella, – Y yo soy un hombre muerto, / Y mi sarcófago es ella”,[1] contundente epigrama que viene a resumir las recurrentes imágenes en su obra, sobre todo en sus Versos libres, donde la ciudad se erige como metáfora de muerte y productora del mal. Pero no resulta así, pues el emporio urbano viene a constituirse en el poemario en una especie de telón de fondo donde se inscriben las más variadas reflexiones sobre el amor, la vida y la propia poesía. Martí vive el proceso de “transición del romanticismo a la modernidad (nuestro modernismo) – donde se pasa de un sentimiento de armonía hasta otro de confusión, y el poeta tiene que enfrentarse a la ciudad tal como es”.[2] El poema pórtico de dicho cuaderno “Dirán, puede ser que digan” también da cuenta del status de Martí en la cosmopolita y capitalista ciudad de Nueva York, como nos hace ver Osmar Sánchez cuando afirma que en el texto el poeta se autorepresenta como un miembro de la cultura periférica y un exiliado, mostrando las “relaciones intelectuales entre el centro y una de las periferias de Occidente.” Allí el poeta “defiende su derecho de voz, en tanto escritor perteneciente a una cultura de la periferia (política y económica) para tratar asuntos  y temas cuya expresión se asocia a priori con escritores pertenecientes a culturas centrales.”[3] Como afirma Dionisio Cañas, las imágenes aquí están cargadas de tensión incómoda, y el impacto de la ciudad es mayor en un artista como Martí que no ha nacido en el lugar que vive, y proviene de otro país.[4]

El testimonio de la presencia del poeta en la gran ciudad aflora como algo común, cotidiano en estos poemas, pues su poema “Digo que cuando salto” surge a caballo entre la ganancia del sustento y la meditación literaria. En él irrumpe el tema de la vida moderna en la ciudad, del ámbito del comercio, las oficinas y el submundo económico, lo que se traduce en el condicionamiento de la vida diaria por el mercantilismo, al decir de Cañas:

    Digo que cuando salto

De un papel de comercio a un verso ardiente

        Que viene de lo alto

Y me pasa rozando por la frente,

No curo que imagine un alma fatua

Que en ajeno taller forjo mi estatua.[5]

Así puede referirse también a los diarios que lee en un poema,[6] o a la estancia en su oficina de trabajo, donde puede sorprenderle la inspiración o el dolor,[7] o al recurrente anhelo de la muerte en estos breves y efectivos poemas, que pueden estar relacionados con su existencia actual o con todo el fundamento o filosofía de su vida:

De levantarme acabo:

Acostarme quisiera:

¡Dadme pronto la cama

Donde no se despierta![8]

Texto que, leído con sutileza, parece una variante del poema que comentamos dedicado a la ciudad al comienzo de estas líneas. Antes de referirnos puntualmente a este poema queremos hacer alusión a otro texto donde la ciudad se respira como mapa magno en que ocurre la reflexión que, a primera vista, parece casi como negadora de la muerte en vida, de la alienación que produce la gran ciudad, cuando de alentar la causa ética y patriótica de la libertad se trata:

De enfermos no me digas,

    Ni de moribundos:

Sino de tanto bravo sin ejército,

Sino de tanto muerto sin sepulcro.[9]

Aflora el tema de la patria y el exilio, y se alude a la heroicidad del destierro y de la guerra, pues lo sublime no es la muerte en sí, ni el sacrificio, sino la muerte y el sacrificio por causas nobles, como en este caso. Viene a colación aquí lo que afirma Cañas respecto a Versos libres, pese a la enunciación distinta de Polvo de alas de mariposa, de que aunque los elementos referenciales no son muy abundantes en él,  se pueden detectar las alusiones que se podrían asociar con el destierro del poeta, con sus circunstancias existenciales,  sus dudas y preocupaciones de todo orden: desde los asuntos más personales, pasando por los sociales, y desembocando siempre en las aspiraciones trascendentalistas.[10]Tras la irrupción de la vida moderna en estos poemas de Martí se encuentra “la aceptación de todo, lo común y lo preciosista por igual, como materia poética, que fue acaso la salida que halló su poesía a esa escisión dolorosa entre la obra que se sentía capaz, y aquella que debía realizar todos los días”.[11]

El texto “La ciudad es grande, cierto”, que en su disposición parece como una estocada, donde juega un gran papel el afilado arranque herediano que lo recorre: “y rica y brillante y bella,” alude a la vida que se vive como muerto en medio de la urbe, y como consecuencia de ella misma. El poema propiamente parece una visión, recurso expresivo tan propio de su lírica, o una alucinación, reacción ante Nueva York en muchos de estos textos de poetas como Lorca, entre otros autores, con la que se viene a “criticar la vaciedad del tiempo que trae un sentido de enajenación por una parte, y de irrealidad por otra”.[12] La ciudad es entonces, como afirma Cañas, parte de un dispositivo – un disparadero del fluir poético, no exclusivamente como un espacio referencial. Si la imaginación es, en parte, una forma de defensa contra la realidad (no una evasión de ella) el objeto que desencadena este mecanismo de defensa imaginativa, en el caso de nuestro poeta, es la ciudad.[13] Ada Teja  clasifica al poema dentro del tratamiento del tema de la ciudad pecaminosa,[14] y aunque su forma es lacónica y breve, el tema corresponde a los Versos libres, manifiesto en el rechazo del bullicio y maldad de la gran metrópoli. En el mismo se pone de manifiesto una de las características fundamentales de la poesía urbana señalada por la crítica, que es el cuestionamiento de la identidad, donde “el antagonismo entre lo íntimo (el Yo) y lo ajeno (los otros) se agudiza en la ciudad por la aglomeración humana a la que está expuesto diariamente el escritor. Por lo tanto, es importante para el poeta urbano delimitar su tiempo personal, y las condiciones de su Yo situado en la ciudad, con lo que esta situación conlleva: la angustia, la soledad, la alienación, el deseo, el amor, el miedo, la ansiedad, la culpa y las reflexiones de orden ético sobre la existencia y la finitud.[15] La ciudad entonces se concibe como símbolo triunfante del progreso humano por un lado, como indica Cañas, y por otro como espacio propicio para todo tipo de corrupciones.  Ángel Rama se refiere a este poema como ejemplo de la manifestación del “automatismo psíquico poético en Martí, que es a lo que el poeta cubano llama inspiración por la forma moderna en que opera.” A lo largo de sus poesías, Martí insiste en esta involuntariedad del fenómeno: la poesía se produce dentro de él, no es que él la produzca, o la busque y, todavía más, estatuye que no es correcto buscarla porque entonces se rehusaría, lo que vale por reconocimiento de su autonomía […] Todo esto lo hace depender Rama de “los múltiples automatismos que funcionan en el ser humano sin cruzar por su conciencia ni ser movidas por su voluntad.[16]

 Múltiples serán los ejemplos dentro de los endecasílabos hirsutos y en otras zonas de su poesía referidos a la ciudad vil:

Envilece, devora, enferma, embriaga

La vida de ciudad: se come el ruido,

Como un corcel la yerba, la poesía.[17]

Mi mal es rudo: la ciudad o encona:

Lo alivia el campo inmenso: ¡otro más vasto

Lo aliviará mejor!- [18]

Aún el tema de la ciudad corrupta puede aparecer en un poema de poética o sobre su poesía:

Cuando va a la ciudad, mi poesía

Me vuelve herida toda; el ojo seco

Como de enajenado […]

Como un cesto de ortigas encendido:

Así de la ciudad me vuelve siempre.[19]

O en aquel donde refiere que “el amor – expresión más alta de las relaciones humanas – casi no existe, o muere en esta encarnación más visible del capitalismo que es la ciudad grande, producto de la gran industria” […] “«Amor de ciudad grande» parece una poesía sobre la muerte del amor en una sociedad donde los hombres no aprenden a amarse […] La gran urbe moderna parece ser una jaula, donde la humanidad muere cual paloma entre animales rapaces.” [20]

Otros ejemplos sobre la ciudad maléfica serían:

Dicen sabios en dolor

Y personajes profundos

Que el mayor mal de los mundos

Es vivir en Nueva York.[21]

Los aires frescos

Limpian mis carnes

De los gusanos

De las ciudades.[22]

He vivido: me he muerto y en mi andante

Fosa sigo viviendo:

[…]

Mas si frente a la luz me fuese dado

Como en la sombra do duermo, al polvo

Mis disfraces echar, viérase súbito

Un cuerpo sin calor venir a tierra

Tal como un monte muerto q. en sus propias

Inanimadas faldas se derrumba.[23]

Odio la máscara y vicio

Del corredor de mi hotel:

Me vuelvo al manso bullicio

De mi monte de laurel.[24]

Fina llama a este sentimiento que fructifica en idea “« el horror» de la «ciudad grande», donde tantas veces dijo  Martí sentirse  como si le faltara el suelo bajo los pies, y entre « hombres que parecen pezuñas».[25] Es una  época en que el hombre empieza a estar solo. Según Ada Teja, no es la soledad por la separación de la amada, sino por la extraneación social del hombre contra el hombre en la sociedad dividida en que vive, y es también la lejanía del hijo, la ruptura del hogar, es la poesía del exilio, de la ira por la corrupción y por la dependencia de Cuba.[26] Todas estas actitudes se contraponen al afán trascendentalista de su poesía y a su concepción de la vida como lucha y ascensión – de los que en Polvo de alas de mariposa también hay pruebas fehacientes al igual que en  Versos libres, y en las Escenas Norteamericanas– y permiten reconocer a Martí, según ha considerado Dionisio Cañas, como el primer escritor que hizo posible que Nueva York entrara en el discurso poético occidental, digamos, un fundador o un padre literario.


[1] José Martí. Polvo de alas de mariposa. Editorial Artex  y Centro de Estudios Martianos, La Habana, 1994, p.  95. Martí tenía una especial capacidad para expresar, tanto en verso como en prosa, sus singulares ideas sobre el mundo con ideas afines pero siempre con un repertorio de imágenes muy peculiar. Fijémonos en la siguiente cita donde refiere en prosa respecto a Nueva York algo a fin al poema que acabamos de citar:

Acá apenas se tiene tiempo para vivir. El cráneo es circo, y los pensamientos son caballos azotados […] Nadie se duerme, nadie se despierta, nadie está sentado: todo es galope, escape, asalto, estrepitosa caída, eminente triunfo. Es una procesión de ojos sedientos, montados sobre piedras aladas, – las piernas de Mercurio. Van los unos a los otros, como persiguiéndose, alcanzándose, abatiéndose. La médula se retuerce, y encoge como un cuero húmedo puesto al sol, el alma se va del cuerpo como de un pomo roto las gotas de esencia. José Martí. Obras Completas, T. 10, p. 363, enero 16 de 1886.

[2] Dionisio Cañas. El poeta y la ciudad. Nueva York y los escritores hispanos. Ediciones Cátedra, Madrid, 1994, p. 20.

[3] Osmar Sánchez Aguilera. Las martianas escrituras. Centro de Estudios Martianos y Oficina del Historiador de la Habana,  2001, p. 160.

[4] Dionisio Cañas Ob. cit., p. 33.

[5] José Martí. Polvo de alas de mariposa, p. 26.

[6]

En los diarios que leo

En las nubes que se cruzan,

En el aire invisible, mis errantes

Desconsolados ojos te dibujan

Y me cubro los ojos,

Como alivio a mi angustia, –

Y del fondo del alma te levantas, –

Llorosa, inconsolable, eterna, augusta.

José Martí. Ob. cit, p. 56

[7]  Yo tengo en mi oficina

Un callado sillón de sicomoro;

Y cuando pienso en ella

Me siento en mi sillón calado, y lloro.

José Martí. Ob. cit, p 89.

[8]  José Martí. Ob. cit, p. 72. Véase también el poema “De un padre que tuve”:

     De un padre que tuve

     Tan solo recuerdo

Que de mi cuna al borde sollozaba

Cuando nací, como si hubiera muerto.

[9] José Martí. Ob. cit, p. 29. Este poema es eco de la cerrada estrofa de Versos sencillos:

Oculto en mi pecho bravo

La pena que me lo hiere.

El hijo de un pueblo esclavo

Vive por él, calla y muere.

José Martí, Obras Completas, Edición crítica, Poesía I, t. 14, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2007, p. 30. A propósito de poemas que tienen que ver con el motivo temático del exilio, Osmar Sánchez comenta el siguiente fragmento del  epistolario:

“Ud. no lo sabe bien, porque no ha batallado aquí como yo he batallado, pero la verdad es que todos los días, al llegar la tarde, me siento como comido en lo interior de un tósigo que me echa a andar, me pone el alma en vuelcos y me invita a salir de mi: Todo yo estallo […] ¡el día en que yo escriba este poema!”

De esa experiencia citadina muy a colación con los textos que comentamos refiere el ensayista:

Ahora Martí expresa su deseo de poder escribir alguna vez el poema correspondiente a la experiencia personal que acaba de narrarle a su amigo, la experiencia de un muy observador migrante hispanoamericano (poeta, por más señas) en« la vida convulsa de la ciudad» de Nueva York. La principal prueba para la realización de ese su deseo viene dada por la resistencia que tal experiencia citadina opone a su poesía, a su manera de concebirla,  a su formación como poeta (Recuérdese al respecto que alguna vez él calificó de “antiática”, o sea, de contraria al canon de belleza derivado de la cultura griega clásica y contraria, por consiguiente, a determinado tipo de poesía, a “la muchedumbre […] de las calles” en Nueva York, por más que el mismo intentara luego asimilarla a su propia poesía). El intuye que algo muy valioso habría de resultar en términos poéticos, de conseguir su deseo.

Osmar Sánchez Aguilera. Las martianas escrituras, Centro de Estudios Martianos y Oficina del Historiador, La Habana, 2011, p. 60.

[10]  Dionisio Cañas. Ob. cit, p.66.

[11] Fina García Marruz. “Los versos de Martí” en Temas  martianos, 1ra serie, Biblioteca Nacional, Instituto Cubano del Libro, 1969, p. 244.

[12] Ada Teja. Ob. cit, p. 131. Como supo atisbar Rama, Martí “pertenece a la estirpe poética que mejor interpretó el terrible proceso aniquilador de la modernidad. A partir de esa destrucción personal acrisola visiones que reemplazan la realidad porque la trasmutan sin destruirla.” Ángel Rama. “La dialéctica de la modernidad en José Martí” en Separata de  Estudios Martianos, Editorial Universitaria, Universidad de Puerto Rico, 1974, p. 197.

[13]  Dionisio Cañas. Ob. cit, p. 18

[14] Al respecto Fina García Marruz opina que todo el rechazo martiano a la “ciudad grande” newyorkina está dirigido a lo que tiene de “máscara y vicio” (16, 67) o sea no es de origen puritánico ni fruto de ese ingenuo apologismo rural de los primeros cantores de nuestros árboles y frutas. Martí, por el contrario, fue muy sensible a la belleza de la vida de la gran ciudad, a sus bibliotecas, sus alamedas y museos.” Fina García Marruz. El amor como energía revolucionaria en José Martí, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2003, p. 58.

[15]Dionisio Cañas. Ob. cit, p. 10. 

[16]  Otros ejemplos serían “Yo que vivo aunque me he muerto” (16 -101), “He vivido; me he muerto” (16 – 173),”Que yo voy muerto es claro” (16 – 92), “Solo como la llama desprendida” (21 – 401). Ángel Rama. “José Martí en el eje de la modernización poética: Whitman, Lautreámont, Rimbaud”, Separata de Nueva Revista de Filología Hispánica, n. 1, 1983, tomo XXXII, México. p. 122.

[17] “[Envilece, devora]”, Versos libres”, Obras Completas, Edición crítica, Poesía I, t. 14, p. 249.

[18] José Martí. “Hierro”, Versos libres, Obras Completas, Edición crítica, Poesía I, t. 14, p. 106.

[19] José Martí. “Mi poesía”, Versos libres, Obras Completas, Edición crítica, Poesía I, t. 14, p. 226.

[20] José Coronel Urtecho. “Anotaciones sobre José Martí” en Casa de las Américas, n. 143, marzo – abril de 1984, La Habana, pp. 102 y 103.

[21] José Martí “A Isabel Aróstegui de Quesada”, Obras Completas, Edición crítica, Poesía II, T. 15, 2007,  p. 227.

[22][22] José Martí. “Amor errante”, Ismaelillo, Obras Completas, Edición crítica, Poesía I, T. 14, 2007, p. 34.

[23] José Martí. Obras Completas, Edición crítica, Poesía I, T. 14, 2007, p. 163.

[24] José Martí.  Versos sencillos. Obras Completas, Edición crítica, Poesía I, T. 14, 2007, p. 303.

[25] Fina García Marruz. El amor como energía revolucionaria en José Martí, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2003, p. 289.

[26] Véase  Ada Teja. La poesía de José Martí entre naturaleza e historia, Marra Editore, 1990, Cosenza, p. 14.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *.