Creado en: marzo 31, 2021 a las 07:48 am.

La bendita circunstancia del libro por todas partes

Ni las limitaciones materiales, ni la escasez de papel, ni la pandemia provocada por la Covid -19 pueden contra el empuje de los lectores y la voluntad de un país que apuesta por el libro. No se trata de un acto fortuito. El libro halló un espacio privilegiado en la sociedad cubana desde los inicios del proceso revolucionario. La inquietud literaria y la sed de lectura crecieron parejas en la nación y en la medida que se formaba nuestra identidad y penetraban en nuestra conciencia nacional las raíces del Espejo de paciencia inicial, aparecieron adeptos al deleite de leer y defensores de ese ejercicio tan provechoso para la mente y la realización espiritual. 

El desarrollo de la imprenta, de la poligrafía en general y de las editoriales sembradas por la Revolución a lo largo y ancho del país fue decisivo. También supuso un gran simbolismo el hecho de que el primer título de impresión masiva en Cuba fuera El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, con una tirada de 400 000 ejemplares y a un precio accesible para todos los cubanos.  Pero el avance más radical y determinante en materia de lectura en Cuba, fue sin dudas la Campaña de Alfabetización de 1961, que permitió el acceso de un pueblo ávido de conocimientos al mundo de las letras y los signos.

Se dice que la llegada de nuestro país a la literatura española fue tardía en comparación con otras colonias del viejo continente. Pero el crecimiento vertiginoso de sus creaciones en el ámbito literario y editorial, la ubican como un claro referente ante el mundo.

Hablar de autores y de títulos sería un ejercicio demasiado agotador.  Mejor empeño es observar el fruto de una preocupación, a pesar de las carencias, por producir y distribuir volúmenes para todos los gustos y propósitos. La base material de estudio de las distintas enseñanzas, la literatura cubana y universal, la historia, la ciencia ficción,  la poesía, la ensayística, la literatura infantil. Todas han tenido su espacio en los anaqueles de librerías, bibliotecas y puntos de ventas. Quizás los niveles no han podido ser los deseados, pero el libro cubano se ha mantenido cerca de sus lectores. No se ha perdido de vista el criterio de la población para determinar popularidad. Se han invertido los recursos en el talento de la capital y también de las provincias mediante el Sistema de Ediciones Territoriales, creado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Hitos en la historia del libro cubano hay muchos. Textos imprescindibles como La historia me absolverá, rompieron la censura valiéndose de escritos con zumo de limón y de pequeños papeles custodiados de la impudicia tirana por mujeres valerosas. Otros como La Edad de Oro, de José Martí, surgieron de publicaciones periódicas y proyectos más recientes, como la Biblioteca Familiar, permitiendo al pueblo el acceso a títulos clásicos de la literatura nacional y universal en un formato viable, en las condiciones de la persecución económica.

El libro cubano no descansa. Sobre todo, los sábados, donde encuentra una jornada para su promoción. Tiene su Feria Internacional, devenida fiesta de la familia y momento esperado para el asalto de los lectores a los puestos de ventas en busca de sus preferencias. Tiene además sus Peñas, su Feria Universitaria del Libro y la Lectura, su jornada Leer la Historia, su concurso Sabe más quien lee más y una lista interminable de iniciativas en pro del consumo literario. 

En las páginas, donde se unen el talento de escritores, editores, correctores y otros especialistas del proceso, pueden hallarse el conocimiento, la magia, la ayuda, el abrazo, la frase necesaria, la denuncia, el argumento, la confidencia, la provocación, la historia; y aunque hay que decir que no siempre es la mejor factura -al en ocasiones faltar el brillo y la calidad del material, por no ser el que amerita el contenido-, es en el texto donde radica el valor y ese valor supera con creces la posible deficiencia. El libro cumple su función de nutrir, de aportar, de hacer del ser humano una mejor criatura.

Quizás las más acertadas definiciones sobre el libro son las del Apóstol. En sus palabras los libros consuelan, calman, preparan, enriquecen y redimen… es siempre un motivo de alegría, una verdad que nos sale al paso, un amigo que nos espera, la eternidad que se nos adelanta, una ráfaga divina que viene a posarse en nuestra mente.

Cuba seguirá apostando por esa bendita circunstancia del libro por todas partes. El propio Fidel, durante el encuentro  que sostuvo con escritores e intelectuales en el marco de la XXI Feria Internacional del Libro, en febrero de 2012, alertó: …nosotros tenemos que rescatar el valor del libro y el amor a la lectura.

Ese valor está ahí. Le asiste al libro por derecho propio. Ese amor por la lectura forma parte de nuestra idiosincrasia. Asumamos esa responsabilidad de conducir nuestros pasos hacia una sociedad cada día más justa, cada día más próspera y así tendremos cada día más libros y más lectores. Tendremos, a fin de cuentas, una sociedad más feliz.

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