Creado en: noviembre 1, 2021 a las 10:44 am.

Líneas, las justas cuando sabe contarse

Portada del poemario «Contado en pocas líneas» de
Gilda Guimeras Pareja

Cuando quien tuvo en sus manos el poemario Quien llega los andenes y disfrutó los versos al parque Trillo y otros espacios citadinos, llega a Contado en pocas líneas, puede creer que se trata de distintas autoras. La última propuesta, en cualquiera de sus dos  tomos, nos sitúa ante un ser humano que no solo conoce mucho sobre la Atenas de Occidente, sino que también late con pasión por ese terruño.

Gilda Guimeras Pareja es una mujer con extraordinaria sensibilidad y mucha luz. Es una escritora que sorprende en sus poemas porque uno la adivina colegiala, presa de amores infantiles y sorpresas de descubrimiento. Luego tiene el gusto de conocerla y se encuentra a una mujer hecha, de voz armónica y mesura en las palabras, de una sonrisa  cincelada con experticia en el rostro  y cosechando en el auditorio unánime cariño, superado solo por el de su esposo, solícito vigía de su bienestar y complemento de su ternura.

Gilda está limitada de la visión desde hace un tiempo, sin embargo, es imposible mirar a Guanajay y verlo en su real dimensión sin el prisma enriquecedor de Contado en pocas líneas, un libro que vio la luz en el año 2015 por la Editorial Unicornio y, no habiéndolo dicho todo, regresa en un segundo tomo esta vez digital, mediante  colaboración de este sello con Ediciones Digitales de Cubaliteraria,  para romper el mito de fatalidad de las segundas partes.

Contado en pocas líneas es un libro-recorrido, una versión textual de las Rutas y Andares, que ofrece Guanajay. Nos asoma a la vitrina de un lugar encantado donde confluyeron las desdichas y las alegrías de una época difícil para la mayoría de los cubanos, donde personalidades y personajes, por razones plausibles o no, acapararon la atención de los lugareños y grabaron sus nombres para la posteridad.

Si en la primera entrega, Guimeras nos habla de María Teresa, nos auxilia en la distinción de una dama de título nobiliario, nos revela la efímera existencia de una radio en la Villa Blanca o nos comenta de tertulias y publicaciones de la época, la entrega digital amerita la renuncia al pasar de las hojas en pro de la tecnología.

Contado en pocas líneas II  narra las peripecias de una guanajayense compartiendo el plató con Ronald Reegan, nos acerca a los distinguidos visitantes de la villa, a la historia de su himno y tradiciones festivas.

Guanajay es más que la Macorina, Zoyla Gálvez y la intérprete de Veinte años, nos dice la autora en estos ejemplares. Página a página nos devela secretos de la Atenas. A pesar de su rigor investigativo, a veces parece fábula lo que se cuenta y es imposible no notar cierta tristeza en historias como la del hospital o el Vicente Mora, heridas destapadas en la sensible piel de los pobladores del municipio.

No hay prólogo en el texto, solo una nota de presentación escueta y otra de gratitud. Nos deja Gilda, como al margen, la idea de que hay más en su canasta y pocas son las líneas para decirlo todo. Pero es el texto una suerte de máquina del tiempo y luego de viajar en ella no puede mirarse igual al pueblo de Guanajay  porque los sitios antes transitados sacan su relevancia y nos inspiran un respeto distinto.  

Si una mancha pudiera ponerse, al menos en el segundo de los regalos, sería que la versión no impresa soportaba complementos gráficos que hubiesen ayudado a darle cuerpo. No obstante, con la renuncia al paratexto puede el lector dibujar en su mente las esquinas, el antiguo Casino Español, las sesiones de cine o a los lugareños de la comarca expectantes para el ascenso en globo.  

Valiosos libros. Los cambios en el devenir de un territorio mostrados a través de los cambios en el devenir de la literatura. Esa mujer capitalina es también guanajayense. Es una dama a la que la distancia del calor de su museo municipal Carlos Baliño comenzó a enfriarle las habitaciones del alma y construyó dos salas para homenaje de su villa y deleite de los lectores. Digitales o impresas las líneas de Gilda Guimeras Pareja no son pocas. Son las justas.

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