Creado en: enero 12, 2022 a las 09:20 am.

Roberto Cruz Corbea:  Un facilitador cultural por excelencia

Siempre que se hace la Historia del arte se habla más de autores con sus obras y apenas se mencionan a los que posibilitan esas creaciones. Es como si solo importara el reporte de la minoría. Sin embargo, el número de productores, editores, facilitadores, promotores, etc., es significativamente mayor. No merecen el anonimato.

Por suerte, como en muchos otros lugares de nuestra isla, el Comité provincial de la Uneac en Ciego de Ávila tiene un equipo de trabajo por todos conocido. Y liderado por un Secretario ejecutivo que desde el 2014 hace posible la vida orgánica de nuestra célula vanguardista.

Roberto Cruz Corbea es un hombre sensible al arte. Toca la guitarra. Hace décimas con cubanísimo sentido. Se pasa el tiempo con cara seria, pero al menor descuido, nos saca un chiste de donde no parece haber. Y permite que el diálogo fluya en cualquier tipo de reunión o encuentro.

Comenzó en esta sede avileña como administrador a finales del 2013, cuando la pelona nos arrebató la vida de la presidenta Ada Mirtha Cepeda y tuvo que asumir interinamente, el entonce vicepresidente primero Miguel Chamorro

Hasta que en el 2014 la nueva presidencia con Alberto Fernández Pena en la cúspide, tuvo a bien proponerlo y admitirlo como su Secretario Ejecutivo.

Desde entonces las cosas en la sede avileña han cambiado y para bien. Porque no hay proyecto realizable sin una buena coordinación y ejecución.

Por mucho que los artistas soñemos eventos, peñas, tertulias, giras, exposiciones, sino hay un persona apta para traducir esos sueños en realidades económicas y logísticas, casi muy poco se podrá hacer.

Para el que no lo sepa, su labor es muy parecida a la de un productor de arte. En sus propias palabras se define como, “ejecuta toda esa actividad cultural que se proyecta desde las filiares y hasta la presidencia con su equipo de trabajo como la administración”.

De la misma forma, en el actual Reglamento de la organización se recoge que, entre otras características a instancia nacional, tiene que ser nombrado por el Presidente y rendirle cuentas de su gestión al Secretariado y a la Presidencia de la organización. Elabora y revisa el presupuesto anual de la Uneac y ejerce el control sobre su ejecución. Es un facilitador de la actividad cultural.

Pero, ojo, también se podría convertir en un obstáculo. De eso ya sufrimos bastante los que llevamos más de diez años como miembros de la Uneac en el territorio de la piña.

La historia del arte está lleno de ejemplos de artistas sufriendo ante sus benefactores tiránicos. Pero también se hablan de amores.

Con sus diferencias, claro está, ¿estaría mal evocar a duques, príncipes, reinas y reyes que hicieron posible la inmensa obra de los Bach, Mozart, Da Vinci, entre tantos otros?

La Revolución en Cuba no se hizo para unos pocos. Se soñó y construyó para el bien de todos. Y por los artistas, también se prepara el camino y se procura que las políticas culturales, en su ejecución, hagan posible ese sueño cultural.

Y hacerlo bien no es solo respetar el sentido de justeza de la Revolución, sino, también, de colocar su imagen en el lugar correcto. Si altares, sin falsos dioses. Solo con buena labor y por amor al arte que es la máxima expresión de la imaginería.

Roberto tiene una tarea más que complicada. De su desempeño dependen que no solo artistas y creadores se sientan atendidos y motivados. Más de una treintena de trabajadores de la casa de la vanguardia artística se ven beneficiados por su actuar. Controlar es un asunto de titanes. El asunto empieza por uno mismo.

En ese sentido, Roberto tiene la tradición casi familiar de controlarlo todo. Su familia es su mejor obra. Hijos y nietos conforman su dicha. Y los mantiene unidos por el amor y el respeto. No se le resisten los muros o barreras cuando se trata de hacerlos felices, “mi familia es mi sostén y, a la vez, mi motor motivador. Trato siempre de ser digno ejemplo para ellos y que se sientan orgullosos de mí”.

También entre los artistas de la Uneac ha encontrado una familia mucha más amplia y compleja, pero agradecida. Por eso su oficina siempre está concurrida por miembros y trabajadores que llegan a conversar o compartir algún chiste, “también se discute, ese es mi lugar de trabajo, allí ocurre cualquier cosa en función de la cultura y de la Uneac”.

Cruz Corbea tiene sus puertas abiertas al trabajo y a la honestidad. Su mano se tiende para todos por igual más allá de sus funciones laborales, “tenemos en cuenta las necesidades de nuestros artistas. Por ellos estamos aquí y tenemos un lugar en la cultura avileña. Por eso no dejamos de felicitarlos en sus días especiales, en los fines de años y otras fechas conmemorativas”.

Estos dos años de pandemia, de situaciones tristes y de trabajo virtual, su desempeño no se ha visto opacado ni disminuido. Ha pasado a otras funciones, más humanitarias, más de andar de mano con la vida por nuestros artistas. Igual, organizando y haciendo posible el trabajo desde las casas de los que pueden ejercerlo así. Velar porque los trabajadores de riesgo sean atendidos como se merecen, entre otras muchas labores, “nuestros artistas dieron el paso al frente y siguieron haciendo espacios desde lo online, en la Internet y nosotros atendimos muy de cerca a estos creadores. También visitamos y atendimos a todos los convalecientes, artistas que, por su edad, eran personal  de riesgo. Fuimos a la célula municipal de Morón a llevarle nuestra solidaridad a todos los miembros víctimas de la Covid, para que nadie sintiera que la Uneac los abandonaba. Sabemos que son personas de avanzada edad y hay que atenderlos”.

Como si fuera poco, Roberto convaleció ante la Covid-19 y sufrió sus síntomas, “igual me mantuve al tanto de todos y desde mi internamiento domiciliario traté de que ninguno de nuestros artistas se viera desamparado”.

Pero ni el mejor de los Secretarios ejecutivos puede evitar el paso de la muerte y la partida inusual de cuatro de nuestros artistas, “fue triste, muy triste, cuatro de los nuestros y que ya no están, así de la noche a la mañana…”.

En estos 8 años de trabajo ininterrumpido, Roberto Cruz Corbea se siente dichoso de estar en la Uneac. Sus sueños personales, de ser músico, comediante, productor de carne porcina, no han quedado olvidados, solo reposan, quizás, por mucho más tiempo, “aspiramos a seguir trabajando y a esforzarnos por hacer más. Que nuestros miembros sigan sintiendo que esta es su casa, que somos parte de su familia”.

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