Creado en: noviembre 2, 2022 a las 07:00 am.

Temporada de cuentos en Barquisimeto

Por Jesús Lozada Guevara

Érase un año duro o quizás otro. A ese tiempo que llaman antiguo yo lo vivo como del génesis. En 1990 rompí las fronteras insulares y eso es para un cubano lo que al ave volar, saltar más allá del horizonte. El agua es frontera y puerta al camino.

Llegué a México con Teresita Fernández –juglar, nómada, libre–, Haydee Arteaga, Menchy Núñez, Miriam Brotherman y Mayra Navarro, quien fuera maestra de generaciones y la figura más importante de la cuentería cubana. Todos invitados por la Cátedra Itinerante de Narración oral escénica (CIINOE) a participar en el II Festival Iberoamericano de NOE, Monterrey, Nuevo León[i]. Aquel país, soñado por mi abuelo y amado por herencia, nos abrió al mundo. Conocimos a la UNOES y a La Carátula, y a quienes fueron amigos cuenteros hasta hoy. Algunos en el paraíso, otros todavía compañeros de andaduras.  

Esos festivales constituyeron la primera red de intercambio en lo que sería un movimiento iberoamericano de artistas de la palabra que renovaron la imagen del narrador oral haciéndolo urbano e insertado al circuito artístico contemporáneo.   

En 1991 vino el III Festival Itinerante de NOE en Barquisimeto, el IV en Elx (1992), y el V en 1993, Agüimes, Islas Canarias, y de allí en lo adelante cada quien tomó su rumbo. Francisco Garzón Céspedes que abrió puertas las blindó con exigencias que limitaban el desarrollo individual y la pluralidad de expresiones. El Arte, que es libertad, se pretendió dirigir y programar.

La Carátula de Antonio González Beltrán, grupo teatral independiente más antiguo de España, no sólo incorporó al naciente movimiento de narración oral urbana, artística y contemporánea un estilo en el que se acentuaba lo espectacular sino que aportó el concepto de Oralidad, ampliando el objeto de los festivales, que originalmente privilegiaba al cuento y al narrador oral, llevándolos hasta los terrenos del fabulador, el charlatán, el conversador, el griot y el complejo de la griótica africana, la cuentería popular o el contador de historias de la tradición arabo-musulmana, así como improvisadores y hasta espectáculos que se resistían a ser clasificados pero centrados en el relato.  

Cuando en 1993 la Unión de Narradores orales de Venezuela (UNOES) decide inaugurar un festival propio lo hace a partir del concepto Oralidad, aportando en el ámbito latinoamericano cotos que después tuvieron continuidad en Santiago de Cuba, Bucaramanga y el amplísimo circuito de festivales colombianos, San José de Costa Rica, Guayaquil, entre otros.

Barquisimeto y la UNOES, junto a La Carátula de Elx, establecieron un sistema de cooperación e intercambio de información, saberes y fuentes – cosa excepcional en estos tiempos signados por la competencia y el éxito financiero- que alcanzó para sostener y promover un circuito de eventos y acciones teórico-prácticas que han permitido en muchos países el reconocimiento del oficio de contar como un ejercicio profesional remunerado que encontró sitio en los predios de la universidad y la academia contando con fuentes teóricas o con estudios que van desde la licenciatura hasta tesis doctorales y trabajos postdoctorales.

 En cada país la historia se ha encarnado según sus raíces y realidades, acomodándose a situaciones particulares, pero hay que reconocer que en los orígenes de cada quien está el soplo primero de la UNOES y sus festivales, conjuntamente con La Carátula y los suyos.

 Después del silencio provocado por la pandemia de COVID-19, contra todo pronóstico, el festival pionero de Latinoamérica, regresa a su sede de Barquisimeto, centro occidente de Venezuela, con carácter presencial e invitando a narradores orales nacionales así como de Colombia, Cuba y España.

Muestra breve pero de alto nivel artístico, donde los cubanos Beatriz Quintana y quien escribe, tuvieron la oportunidad de mostrar el desarrollo alcanzado por el arte de contar en la isla a partir de la narración de historias de la cultura popular cubana. Colombia presentó a John Cardona, narrador y titiritero, conocedor de sus oficios y a Wilmar Tovar que cuenta el relato de la jungla citadina desde la perspectiva del comediante. De Asturias llegó la solidez escénica y comunicativa de un contador de historias con música personalísima, bien temperada, capaz de encantar a todas las orejas: David Acera.

La Cultura de Barquisimeto y de Venezuela se vio ampliamente representada por Flora Ovalle, Somar Toro, Fabricio Conde, los Narradores de la UNOES, así como músicos y bailarines de los ritmos autóctonos capaces de encantar por la pureza de sus manifestaciones así como por la verdad con que fueron mostradas.

Este festival, de resonancias múltiples, mostró uno de los aspectos más olvidados del complejo de la Oralidad que es la cultura culinaria y los actos de narración, conversación y canto que se desarrollan alrededor de los fogones y las mesas cuando algunas familias barquisimetanas abrieron sus casas para ofrecer cenas y convites a los participantes. Este es un aporte que habría que imitar y mantener.

Los esfuerzos de la UNOES y la significación de este festival merecen regresar al Teatro Juares, sede principal por años, y sumar nuevos apoyos desde los espacios de la Cultura nacional, estadual y municipal, que permitan, como en años anteriores, la presentación de espectáculos masivos gratuititos así como en ámbitos populares alrededor de barrios y comunidades siempre necesitados de lo que allí se ofrece pero portadores de tradiciones y saberes que bien pudieran intercambiar con fuereños y propios en un acto de enriquecimiento mutuo.

A Barquisimeto habría que mirarle con ojos generosos pues se ha ganado un lugar en la historia de los cuenteros del mundo. A la ciudad, a su gente, a los protagonistas de su constancia, a los portadores de su Palabra, honor y respeto.


[i] En 1990 tuvo lugar el I Festival Iberoamericano Itinerante de NOE en Caracas, Vzla. Allí se produjo la primera fractura del naciente movimiento de inspiración garzoniana cuando el grupo venezolano Encuentos y encantos organiza un evento paralelo en Isla Margarita.

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