Creado en: septiembre 17, 2021 a las 07:49 am.

Timbalaye: en favor de la integración cultural

Cada año se realiza el Festival Timbalaye, uno de los principales encuentros promotores de la cultura cubana, y en particular de la rumba, a nivel internacional, el cual concluye su XIII edición bajo el lema de Conciencia de mis orígenes, a través de las redes sociales de varias instituciones y organizaciones de las artes, y en la programación habitual del Canal Clave de la Televisión Cubana.

Creado en agosto del 2007 por los reconocidos bailarines cubanos de danzas folklóricas Ulises Mora e Irma Castillo, este encuentro es fruto del estudio y la investigación artísticas sobre el género de la rumba, y a través de su realización virtual la cultura cubana prosigue su extenso programa destinado al enriquecimiento espiritual en tiempos de duro enfrentamiento a la pandemia de la Covid-19.

No existe un pueblo o barriada humilde en Cuba donde no se interprete la rumba. Desde la niñez y la adolescencia, muchas veces con un improvisado cajón, numerosos niños y adolescentes ejecutan este género como si desde que nacieran les viniera en la sangre. Por tal motivo, a todo lo largo de la geografía nacional existen infinidad de grupos, profesionales y aficionados —estos últimos pertenecientes a las casas de Cultura— especializados en este complejo musical y danzario de raíz africana, con características muy típicas, cuyos antecedentes se remontan a los cálidos ambientes festivos de los negros libres y sus descendientes —siglos XVIII y XIX—, pertenecientes a distintas étnicas africanas,  en los barracones, los campos y zonas suburbanas como bateyes y caseríos cercanos a los ingenios.

Posteriormente, la rumba se trasladó a la vida urbana en los solares de diferentes regiones del archipiélago, sobre todo en La Habana —fundamentalmente en la zona del puerto— y Matanzas, desde donde se extendió a otras regiones. A principios del siglo XX, había alcanzado gran popularidad como baile típico de un ambiente caliente, y sus principales escenarios eran, además, los solares, las calles, las tabernas y los bares.

Timbalaye igualmente se realiza con el fin de exaltar esta danza folklórica afrocubana que también era creída como un baile de fertilidad. La rumba fue declarada por el Comité Intergubernamental de la Unesco —reunido en Etiopía el 30 de noviembre de 2016—, como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Fue ideado por Mora y Castillo desde la Asociación Cultural Aché —radicada en Roma, Italia—, y especialmente lo concibieron con el objetivo de favorecer la integración cultural, y además con la intención de preservar, promover y defender la cultura popular cubana, portadora de significativos valores sociales.

Se trata de una experiencia única dentro del variopinto panorama cultural, nacional e internacional, la cual está acompañada de disimiles actividades asociadas a la música, la danza, la literatura, la antropología, las artes visuales y las artes escénicas, con la representación de artistas de Argentina, Perú, México, República Dominicana, Italia y Cuba.

Del patio, entre otros muchos, participaron Explosión Rumbera, Obiní Batá, Telmary y Habana Sana, Los Tambores de Enrique Bonne, Yoruba Andabo, Muñequitos de matanzas, Iyerosum,  Afroamérica, Brenda Navarrete y su grupo, Ronald y Explosión rumbera, Osaín  del Monte,  Rumbatá y Afrocuba. Estuvieron presentes, además, los prupos portadores Mecongo, de Palma Soriano; la Tumba Francesa Pompadur Santa Catalina de Rucci, de Guantánamo; Obbá Koso y Conjunto Folklórico Infantil, de Cienfuegos; Caidije y Bonito Patuá, de Camagüey; y la Tumba Francesa Los Bejucos, de Holguín.

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