Creado en: noviembre 28, 2021 a las 08:27 am.

Un proyecto teatral en 1800

Ubicación aproximada del Teatro del Circo

El 20 de septiembre de 1799, en La Habana, un enigmático personaje nombrado Eustaquio de la Fuente presenta al Marqués de Someruelos, Capitán general de la isla, un proyecto que culminaría con la restauración total del Coliseo de la Alameda de Paula, que había funcionado entre 1775 y 1788 y a la sazón se encontraba en ruinas. En la propuesta se conjugaban varias acciones que demostraron al poco tiempo ser factibles y provechosas:

a) Habilitar un teatro provisional.

b) Traer una compañía de cómicos y cantantes franceses que se hallaba en Nueva Orleans.

c) Ofrecer, además de ópera y teatro dramático, pantomima, equitación y evoluciones militares, bailes de maroma y cuerda floja, fuegos artificiales y teatro mecánico.

d) Formar mientras tanto, a la mayor velocidad, una compañía de cómicos del país, “único arbitrio para conseguir un buen teatro nacional”.

Además, De la Fuente aportaba vente mil pesos para iniciar la reconstrucción del Coliseo, a cambio de que se le concediese regentearlo por cinco años.

Desde abril de 1799, existía en la ciudad un circo, en los terrenos del Campo de Marte, fuera de la muralla, lo que se conocía como Extramuros. De la Fuente, sin lugar a dudas un individuo audaz, una vez autorizado su proyecto por el Cabildo a mediados de 1800, compra este espacio a un artista y empresario circense inglés llamado Mr. Anderson. Y comienza a hacer propaganda: el 10 de julio de ese año, publica: “Ha llegado a La Habana Don Juan Guillet, maestro de Danza, con destino de bailes en el teatro que se está preparando, el que se propone también dar lecciones de baile a sujetos particulares. Vive en la calle del Empedrado, casa de Don Eustoquio [sic] de Fuentes, nº 8, o en el Circo.” De la Fuente daba continuidad así a su proyecto de habilitación de aquel ruedo y graderías para un coliseo teatral.

Ya el 18 de septiembre están terminadas las adaptaciones y publica un Reglamento para el teatro provisional que inaugurará con una primera función esa misma tarde. El encabezamiento es este:

Estando en estado de abrirse el Coliseo provisional construido extramuros, ha creído el Gobierno muy propio de su celo hacer por ahora algunas prevenciones con el objeto de que reine el buen orden y decencia que constituyen provechosas semejantes diversiones, mientras se forme el reglamento correspondiente a otros espectáculos que se han de dar más adelante.

Esa función se suspendió; tres días después el periódico anuncia la inauguración oficial del Teatro del Circo del Campo de Marte: “Hoy Domingo, si el tiempo lo permite, se ejecutará la función que se anunció al público por carteles para el Jueves próximo pasado, y que la lluvia impidió”  El investigador Manuel Menéndez Mariño, asegura que “se programó un baile de maromas, al parecer ejecutado por Mr. Anderson acompañado de un payaso que finalizó la función con una pantomima en tres actos llamada Arlequín Esqueleto.

Ese mismo día se publica la siguiente convocatoria:Don Eustaquio de la Fuente, Contratista de los espectáculos públicos, solicita seis individuos abonados para poner a su cargo varias ramas del Circo. También solicita jóvenes de ambos sexos que quieran dedicarse al ejercicio del arte dramático. Vive en el Circo y se halla en él a todas horas”.

Una semana después, el 28 de septiembre:

Don Eustoquio [sic] de Fuentes solicita varios jóvenes de ambos sexos que quieran dedicarse a ejercer el arte de cómicos, dos cantarines y dos cantarinas. Los que se hallen con disposición y quieran imponerse de los sueldos y condiciones podrán informarse del dicho Don Eustaquio, contratista, que está en el Circo a todas horas.

Un joven cirujano de nombre Francisco Covarrubias acudió a una de estas dos convocatorias; fue aprobado y en pocos días comienza su carrera como actor profesional. Tenía 25 años.

En la primera decena de octubre se constituye la Compañía de Cómicos del País que actua­ría en el Teatro del Circo. La integraban, además de Covarrubias, María Agustina y Francisco Pereyra, Brígida Montero, Juan Cabello, Dolores Yorfe, Juan Joseph García, Ramón Granados, Juan Nieva, Francisco Henríquez, Pedro Poveda y Pedro de Villa. Todos o casi todos son criollos.

En el primer número de noviembre, el semanario El Regañón de La Habana publica:

“Mesa Censoria”. Concluye el juicio de las diversiones de septiembre. El teatro. Este nuevo establecimiento ha comenzado en el mes de septiembre, formándose al fin del Campo de Marte, en el lugar en que estaba el circo, un gran bohío de yaguas, donde se representan escenas teatrales y cuanto se quiere.

El mismo semanario, en su edición de la primera semana de diciembre, comenta acerca de las diversiones del mes de octubre y revela que en el Circo del Campo de Marte, “la primera función teatral fue compuesta de tres monólogos o escenas unipersonales, a saber: Guzmán el bueno, Guzmana y Anníbal”. Esta función se dio el domingo 19 de octubre. El primero es un melólogo de Tomás de Iriarte; Guzmana o La mujer heroica, esposa de Alonso Pérez de Guzmán, el bueno, Doña María Alonso de Coronel, es también un melólogo o drama unipersonal con música, de Joaquín Barón y Domingo; y Annibal se debe a la pluma del famoso sainetero andaluz Juan Ignacio González del Castillo, que calificó esta obra como escena lírico-heroica. Adelantaré que Guzmán el Bueno fue interpretado por Francisco Covarrubias. Pero sobre esta función prometo una crónica más explícita.

El proyecto del enigmático –por desconocido hasta entonces en el ambiente teatral habanero- don Eustaquio de la Fuente había comenzado exitosamente.

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