Creado en: octubre 6, 2021 a las 06:38 am.

Unión: el criterio de unificar

Ambrosio Fornet, Premio Nacional de Edición. / Foto: Tomada de internet

«Yo vivía en España cuando triunfó la Revolución y al regresar me encontré con que podía hacer libros. Por eso siempre digo que a los latifundistas la Revolución les quitó sus tierras, pero a mí me devolvió la mía y por eso estoy aquí», confiesa el intelectual cubano Ambrosio Fornet.  

Este reconocido escritor, con más de 30 libros publicados, es miembro de la Academia Cubana de la Lengua y ha incursionado en la crítica literaria, el ensayo, el guión de cine y la docencia. Ha recibido además múltiples reconocimientos como el Premio Nacional de Edición y la Distinción por la Cultura Nacional.

Ambrosio Fornet ha realizado una prestigiosa carrera en el mundo del libro cubano, que incluye su paso por editoriales del Ministerio de Educación, la Editorial Nacional y el Instituto Cubano del Libro; así como la presidencia del Consejo Editorial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)  y la asesoría de dos colecciones del Instituto Cubano del Libro.

¿Cómo y por qué se funda Ediciones Unión? ¿Cuán relevante fue para la cultura cubana?

Durante los años 30 y 40 del pasado siglo no existían en Cuba editores profesionales, solo personas que se hacían cargo de un libro porque tenían una cultura, un hábito de lectura y eran capaces de revisar una edición. De manera que cuando Ediciones Unión comienza, llega con el aplauso de todos. Ya en 1964 aparece una novedad: el bolsilibro, muy conocido en los Estados Unidos, pero novedoso aquí. La colección de libros de bolsillo «Manjuarí» fue una idea de Fayad Jamís y comenzó publicando «El reino de este mundo», de Alejo Carpentier. Inspirados en esa colección de Unión, en la Editorial Nacional hicimos la colección «Cocuyo» con el mismo formato.

La proyección editorial de la cultura cubana y la posibilidad de publicar libros de manera sistemática y profesional se dio con la creación de Ediciones Unión. Era el primer proyecto editorial cubano coherente que buscaba mantener una tradición literaria viva, desde el punto de vista profesional y artesanal. La UNEAC ha contado con editores muy exigentes, por ende, a partir de ahí todo fue viento en popa, salvo en momentos en que se sintió la falta de coordinación entre el mundo de los escritores y la dirigencia cultural.

¿Qué distingue a Unión entre las diferentes casas editoras cubanas?

El hecho de que teníamos conciencia de estar trabajando una literatura viva. La literatura que no se esperaba de nosotros. Había una especie de conflicto y espectativa sobre qué se está publicando en Cuba. Era una tensión porque yo quería publicar mi libro y tú el tuyo, pero tú eras admiradora de Mallarmé y esa literatura estaba desligada de todo proceso histórico- cultural.

Por primera vez podíamos reflejar la vida cultural cubana en la literatura y había quien se abstenía de hacerlo. Pero luego nos dimos cuenta de que eso era parte de la literatura también, porque en Cuba no habían libros infantiles, o de artesanía o de cualquier otro tema y Unión abrió la posibilidad de que eso se publicara también. Insisto en que había una espectativa sobre qué se escribía en la primera revolución socialista de América, era un diálogo tenso y en ese contexto se desarrolla Unión.

¿Qué es para Ud. la Uneac?

Es el criterio de unificar el caos, el vacío. Lo que representaba la cultura antes de la revolución era un caos tan visible que resultaba doloroso. Ese mundo no existía. Solo gente que editaba libros, pero no personas capaces de hacer confluir sus intereses con una finalidad común.

¿Por qué apostar por la cultura nacional?

Curiosamente, vengo hablando de vacíos y de caos, pero el impulso patriótico, de la identidad y la cohesión, no lo fue. La consciencia de que no éramos un pueblo de improvisados, sino que había una trayectoria. De manera que si tenía consciencia de la identidad y el patriotismo cubano, tenía consciencia de mí, como una persona que no se podía subestimar. Los cubanos estábamos en función de la construcción de una nación.

Estamos hechos de continuidades, pero también de rupturas. Esas rupturas nos han hecho abrirnos al mundo. Esto ha sido notable en el arte cubano. Las tradiciones que se niegan ese intercambio con el mundo terminan siendo conservadoras y están perdidas. En Cuba conservamos nuestra identidad y estamos abiertos al mundo mediante el lenguaje de las artes.

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