Creado en: mayo 15, 2021 a las 06:22 pm.

Verónica Lynn: «Mis personajes no tienen nada que ver conmigo» (+Video)

Retrato a Verónica Lynn/ Foto: Liesther Amador

Científicamente el tiempo es la magnitud física que define el intervalo en que suceden, de manera cronológica, los acontecimientos. Un minuto contiene 60 segundos, una hora 60 minutos, y un día 24 horas.

El enredo matemático se complica si adaptamos la fórmula a 90 años de vida. Un equivalente aproximado sería de 32 mil días, y, en su medida más pequeña, más de 2 billones de segundos.

Sin embargo, Verónica Lynn ignora la millonaria acumulación de tiempo en su existencia. Prefiere vivir en la diminuta unidad de los segundos, un tic tac constante que transcurre mientras lee un libro, mira una película, repasa un guión, o simplemente sonríe. 

Remite, sin advertirlo, a aquella definición de San Agustín sobre el tiempo. Este es una extensión del alma que acumula memorias, desconoce el futuro y se empeña en recordar la sucesión fugaz de hechos que ocurren ahora mismo. 

La actriz regresa siempre a aquella película de Carlos Gardel, el favorito de su madre. Desde entonces quiso estar en la pantalla, mientras otro, que ocupara la misma silla de ella, se dijera: Yo quiero ser esa niña.

Pero esta entrevista no es un informe cronológico de la vida y obra de la Premio Nacional de Teatro 2003 y de Televisión 2005, sino un pedazo de presente de mil 497 palabras, apenas 5 minutos de tic tac compartido con Verónica Lynn.

¿Qué tiene en común con sus personajes?

Pocas veces tienen algún punto de contacto con mis experiencias, mi contexto, mi vida individual como ser humano. Mis personajes no tienen nada que ver conmigo, muchos, incluso, no son cubanos. Las vivencias de una persona dependen del país donde viva, su cultura. El trabajo de un actor consiste precisamente en investigar, estudiar el personaje, su contexto, el lugar donde pertenece, la clase social, cómo se gobierna en su país…Sólo así es posible entender en algo a la persona que interpretas.

Mi personaje preferido es el próximo que me den. Cuando terminé y lo hice, con todas las satisfacciones, ya quedó. Eso sí, tengo un amor muy especial por Camila, Luz Marina, Marta, de Quién le teme a Virginia Wolf, La Fortunata, porque me aportaron mucho en mi vida profesional. Nunca he pensado este personaje es mío y de nadie más, o dicho no hice Julieta, Lady Macbeth, Electra Garrigó. En definitiva, le he dado siempre un poco de mí, personalmente, a cada uno en estos 69 años de trabajo. 

A pesar de ser una excelente actriz de cine y televisión interpretó pocos protagónicos. Un ejemplo es la película Lejanía y el cortometraje Solteronas al amanecer. ¿Qué cree de ese estereotipo de asociar la fama a los personajes principales?

No hay grandes papeles, sino grandes actores. No es una cuestión de personajes, de medir cuántos bocadillos tiene, o su importancia en la trama. Trato con el mismo amor a todos los personajes, aunque decirlo parezca manido. Cuando acepto un personaje pequeño es porque me gusta.

Teresa en Sol de Batey, por ejemplo, era la que llevaba el conflicto.  El personaje que nada más es bueno y solo sufre no mueve. A la gente le gusta el malo, que crea problemas, intrigas, ese el interesante para un actor, trabajarlo, lograr hacerlo orgánico y creíble para el público.

Una obra de teatro, película, o material de televisión, de radio, un cuento, una novela, es una tarea grupal, una orquesta sinfónica. No debe haber músicos desafinados, porque si no te echan a perder la sonata. El actor debe pensar en hacer bien su trabajo, pero en función de esa melodía general que es la obra.

A diferencia de la televisión o el cine, la radio solo emociona a través del sonido. ¿Qué le aportó su experiencia en este medio?

Primero, te obliga a trabajar con una presión, el tiempo está sobre ti, es coger el libreto, leértelo, ensayar e ir a grabar. Eso te exige estar engrasada, utilizar con rapidez tus herramientas, los medios para entender un personaje. Esa habilidad la adquieres a medida que haces más radio. No te puedes quedar en la voz, es demasiado superficial. En el decir se te exige articulación, dicción, pero el actor debe preocuparse por investigar y eso se aplica a todos los medios: teatro, cine, radio o televisión. Se debe transitar por ese proceso de creación, buscar para encontrar el personaje.

¿Cree que el teatro es el pilar fundamental en la formación de un artista?

Yo soy muy Stanislavskiana, el método de Konstantín Stanislavski fue el primero que estudié y así me hice actriz, lo creo el ABC de cualquier actor. Después puedes escoger lo que se adapte a tu poética y estética. El actor debe experimentar todos los medios, pero el teatro es único, una cultura viva, tienes el espectador ahí, delante de ti, casi rodilla con rodilla contigo. Es el único donde estás siempre en escena. En la televisión y el cine, el director selecciona la toma y quién aparece en la pantalla. En el teatro no estás fuera del plano en ningún momento. Además, el público, ese termómetro, está ahí diciéndote como avanza la obra.

¿Cómo nació el grupo-teatro Trotamundos?

Pedro Álvarez, mi compañero de la vida, actor y excelente director, adoró el teatro. Su sueño fue siempre tener una compañía propia. Tuvimos varios grupos no oficializados, actores que nos gustaba el teatro, íbamos y lo hacíamos. Pero no fue hasta 1989, que, entre los grupos de teatro que se crearon, surgió Trotamundos. Ahí hicimos una cantidad de obras increíble: El amante, La verdad y la mentira, No por favor, La empresa perdona un momento de locura, Vestir al desnudo, El barbero de Sevilla. Pedro lamentablemente murió en 1991, en ese momento estaba en escena La pequeña tragedia, escrita por él. Para mí fue una cuestión moral, afectiva, mantener vivo a ese grupo. Por eso existe Trotamundos.

Mi papel como directora ha sido principalmente en el Movimiento de Artistas Aficionados. Pedro y yo éramos asesores técnicos de este movimiento a nivel nacional. Compartimos con grupos de Derecho, Economía, Ciencias Médicas, la marina, la construcción militar. Actualmente, invito directores para las obras del grupo. Prefiero la dirección de actores y ahí influye mucho mi trabajo como docente en la formación de actores para la televisión, instructores de arte, cursos de superación, la Escuela Nacional de Arte y el Instituto Superior de Arte.  

Además de la actuación, la pedagogía constituye una parte importante en su vida ¿Qué lección no deben olvidar sus alumnos?

A mí todo el mundo me ha enseñado algo, hasta el peor de los peores me ha demostrado lo que no se debe hacer nunca. Ese proceso forma parte del aprendizaje, saber seleccionar lo importante, lo positivo. Mis primeros maestros fueron mis compañeros de trabajo. Tuve la suerte de empezar en una época donde había primerísimos actores y actrices en este país: Gina Cabrera, Margarita Balboa, Fela Jar, Josefina Henríquez, Pedro Álvarez, Enrique Santiesteban, Eduardo Egea. Cuando no trabajaba en la escena me escondía y miraba como ellos solucionaba los problemas, en los ensayos estaba pendiente a todo lo que hacían.

A la persona primero debe gustarle lo que hace. Nadie puede pensar que un maestro hace a un actor, el actor debe tener el talento y eso lo da la naturaleza. El profesor lo que hace es desarrollar esa potencialidad, darle herramientas para saber dónde encontrar, dónde buscar, qué camino escoger, para llegar a la creación del personaje. La voluntad del hombre es importante, nada puede distraerte del tiempo que debe dedicarse al personaje.

A veces se percibe la vejez como una limitación de las oportunidades en el mundo de la actuación ¿Qué significa cumplir 90 años haciendo lo que ama?

Uno debe asumirlo como ser humano. A esta edad no puedes meter un brinco, encaramarte en una escalera. Ahora me tocan las abuelas, las suegras, las tías solteronas, la vecina resabiosa de al lado. Sin embargo, en el 2017, Alden Knight y yo fuimos los protagonistas de la película Candelaria, sobre un matrimonio de dos personas mayores. No digo que en algún momento pueda surgir un personaje así, sin embargo, para esta edad hay muy pocas obras. La historia está en la gente, en la vida y las historias de los jóvenes se agradecen.

¿Cómo cumplir ese compromiso social con el público?

Nuestro objetivo es servir con nuestra obra. Un musical, danza, pintura, puesta dramática se concretiza, se hace realidad, se objetiviza, cuando se presenta al público para quién fue hecha. Si se hace una pintura maravillosa y termina guardada en casa no cumple su función social. Solo cuando está ese elemento que es el espectador, parte importantísima del arte, la obra existe. También debe entenderse la implicación de la obra, lo que dice influye en el comportamiento, en detectar un problema, buscar una solución, emitir un criterio sobre un hecho. Toda puesta en escena narra un fragmento, un episodio de la Historia con mayúscula, nuestro devenir como ser humano, no solo como cubanos.

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