Creado en: julio 19, 2021 a las 10:40 am.

«La Uneac deberá ser ese universo donde los artistas sientan la necesidad de habitar» (+ Multimedia)

Luis Morlote Rivas, actual presidente de la UNEAC. /Foto: Liesther Amador

Desde que fuera elegido el 30 de junio de 2019 presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Luis Morlote Rivas no cede en el empeño de hacer de esta una organización cada vez más participativa, un espacio de discusión sobre fenómenos de la creación artística y la sociedad toda.

En su camino hacia lo que es hoy, podría encontrarse al realizador de programas de radio y televisión; al director de espacios informativos como el Noticiero Cultural; al Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro 2017 e incluso, al profesor de Lingüística de la Universidad Central de Villa Clara. También podría encontrarse con el joven inquieto que durante 17 años integró las filas de la Asociación Hermanos Saíz, y donde, según asegura, transcurrió su verdadera formación artística e intelectual.

“Hablar de la AHS es tocar una fibra sensible para mí, porque fue un espacio de crecimiento, una escuela. Allí pude encontrarme generacionalmente con personas muy creativas, capaces de hacer propuestas artísticas muy sólidas. Desde los espacios de discusión de eventos que realizábamos en Villa Clara, Las Tunas, y otras provincias del país, debatíamos sobre cómo debían ser los espacios de creación en la radio y la televisión cubana, y de manera general, en todos los espacios culturales del país.

Yo no podría separar lo que soy hoy en la Uneac de esos años fundacionales en la AHS, porque fue un período donde, siendo presidente de la AHS en Villa Clara, tuve una visión al interior de los sistemas de instituciones de la cultura, y pude apreciar sus fortalezas y debilidades.

Hasta el año 2013 el realizador audiovisual asumió la presidencia nacional de la Asociación Hermanos Saíz (AHS). / Foto: Tomada de Internet

Además, tuve la oportunidad de participar en varios Consejos Nacionales de la Uneac, donde se clamaba por la incorporación de talento joven y se anhelaba una organización más integral. Entonces entendí por qué la AHS había surgido en sus filas, comprendí que bebíamos de esa integración multigeneracional que ofreció Nicolás Guillén y otros grandes de la cultura. Ambas organizaciones confluyen como espacio de conciencia crítica y persiguen como objetivo común la promoción y respaldo de lo mejor del movimiento artístico en la Isla”.

Decía Miguel Barnet que la Uneac debía ser una polea de transmisión que defienda su papel como espacio de participación legítima; una organización que tome decisiones, pero que a la vez sea propositiva; que defienda la presencia de grandes figuras de la cultura, pero sin dejar de pensar en ningún gremio creativo; que discuta sistemáticamente temas de la creación y del cuerpo institucional de la cultura, pero sin dejar atrás la reflexión sobre cómo desde el arte se puede dar solución a las problemáticas que puedan aquejar a la sociedad. Es, además, una organización que debe -cada vez más- atemperarse a los nuevos tiempos, de ahí que en los últimos años potencie su presencia en redes sociales y plataformas digitales.

¿Cómo ha asumido la Uneac el desafío de estar presente también en Internet para interactuar y llegar a otros públicos?

Uno de los acuerdos tomados durante el noveno congreso de la organización fue renombrar la comisión de cultura y denominarla Comisión de Cultura, Medios y Redes sociales, precisamente para entender que hoy no podemos hacer nada que no tenga expresión en las plataformas digitales. Por ello el camino de los últimos meses nos ha llevado a una transformación cualitativa sobre los espacios digitales de la Uneac, aunque debo señalar que no se pueden abandonar los medios tradicionales. En Cuba, la radio y la televisión tienen un papel central y no podemos abandonar esos espacios para trabajar en la promoción de la cultura, pero hay que seguir ganando en los espacios virtuales.

¡Qué bueno sería que tuviésemos disponible, por ejemplo, un blog con la obra de grandes escritores nuestros como Nancy Morejón, Miguel Barnet o Pablo Armando Fernández; o galerías virtuales de grandes artistas de la plástica, el diseño o la escultura como Lesbia Vent Dumois, José Villa Soberón o Luis Martínez Pedro. Hoy, la subversión trabaja contra Cuba precisamente desde las plataformas digitales. Continuos ataques tratan de desvirtuar la creación artística-literaria del país, y en el centro de todo esto está la crítica la Revolución Cubana. Se habla mucho de cómo la revolución pudo haber cortado el espíritu de libertad de creación y ese debate se gesta en las redes, entonces la manera de combatirlo y de responder, es exponiendo la obra también en estos espacios.

En este sentido hemos avanzado mucho en los últimos años gracias al trabajo del equipo de comunicación, con el cual se ha logrado una activa presencia de nuestros productos en la web, ya sea desde el propio sitio de la organización, como con la difusión de nuestro trabajo en otros medios y páginas digitales”.

Usted comentaba que al hablar de los retos de la Uneac, era inminente pensar en retos personales ¿Por qué?

Jamás imaginé, al llegar aquí en el año 2014, que alcanzaría a ser su presidente. Asumir un legado de figuras como Guillén, Lezama Lima, Alejo Carpentier, Juan Blanco, Argeliers León, Barnet, es todo un desafío. Los delegados que asistieron al noveno congreso apostaron por mí y ese es mi mayor reto, no defraudar a los que confiaron en nosotros. De hecho, mi angustia cotidiana es llegar al próximo congreso sin que se hayan resuelto gran parte de los problemas planteados allí. No podemos llegar al décimo congreso sin que los artistas sientan que no se hizo nada para buscar una solución a sus preocupaciones, y esa es una prioridad para el equipo de dirección de la Uneac.

Por otro lado, debemos trabajar para hacer de esta una organización cada vez más inclusiva y participativa. La Uneac tiene que servir de vaso comunicante para ayudar a pensar la cultura. Debe enriquecerse de pensamiento joven, pero a la vez tiene la responsabilidad de no abandonar a padres fundadores de la organización que hoy nos acompañan como lo son Barnet, Villa Soberón, Nancy Morejón, Graciela Pogolotti, una confluencia generacional que nos enriquece. A la vez, la Uneac debe revisitarse sistemáticamente y razonar sobre los errores que ha cometido para corregir sobre la marcha y llegar a estos 60 años vitales, vigorosos, fuertes y en la vanguardia.

Usted comentaba que al hablar de los retos de la Uneac, era inminente pensar en retos personales ¿Por qué?

Jamás imaginé, al llegar aquí en el año 2014, que alcanzaría a ser su presidente. Asumir un legado de figuras como Guillén, Lezama Lima, Alejo Carpentier, Juan Blanco, Argeliers León, Barnet, es todo un desafío. Los delegados que asistieron al noveno congreso apostaron por mí y ese es mi mayor reto, no defraudar a los que confiaron en nosotros. De hecho, mi angustia cotidiana es llegar al próximo congreso sin que se hayan resuelto gran parte de los problemas planteados allí. No podemos llegar al décimo congreso sin que los artistas sientan que no se hizo nada para buscar una solución a sus preocupaciones, y esa es una prioridad para el equipo de dirección de la Uneac.

Por otro lado, debemos trabajar para hacer de esta una organización cada vez más inclusiva y participativa. La Uneac tiene que servir de vaso comunicante para ayudar a pensar la cultura. Debe enriquecerse de pensamiento joven, pero a la vez tiene la responsabilidad de no abandonar a padres fundadores de la organización que hoy nos acompañan como lo son Barnet, Villa Soberón, Nancy Morejón, Graciela Pogolotti, una confluencia generacional que nos enriquece. A la vez, la Uneac debe revisitarse sistemáticamente y razonar sobre los errores que ha cometido para corregir sobre la marcha y llegar a estos 60 años vitales, vigorosos, fuertes y en la vanguardia.

“Siempre recuerdo las palabras de nuestro presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, cuando en la clausura del noveno congreso decía que la Uneac tenía que seguir aportando en la defensa de la inclusión y el debate, y librar una batalla contra la indecencia, confiaba en que tenemos mucho que aportar, sobre todo por esa profunda vocación social que caracteriza a nuestros artistas. El que existan comisiones permanentes de trabajo para la educación, los medios, la lucha contra el racismo y la violencia de género, es muestra de ello. El reto es seguir en ese camino, cada vez más articulados, para lograr la mejor configuración de la política cultural cubana”.

Y si habláramos, Morlote, de la Uneac del futuro…

La Uneac del presente y la del futuro deberá ser la del reflejo del movimiento artístico e intelectual del país y cumplir con los desafíos que planteaba anteriormente. La Unión de Escritores y Artistas de Cuba deberá estar siempre en todos los espacios de la vida social, deberá tener siempre las puertas abiertas para que los artistas acudan a tomar un café, hablar de sus preocupaciones, sentirse en familia, y también donde vayan a presentar su libro, o exponer su obra, o estrenar sus canciones, o plantear sus proyectos. La Uneac deberá ser ese universo que los artistas de Cuba sientan la necesidad de habitar”.

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