Creado en: mayo 7, 2022 a las 08:48 am.

El Querendón de la Salsa, El Querendón de Cuba

Andy Montañez en el Museo Nacional de la Música, Cuba / Foto de Alina de Lourdes Luciano Reyes

Por Julieta García Ríos y Lisandra Ronquillo Urgellés

Puerto Rico, lunes 3 de marzo de 1997. Ya está en San Juan el cantautor cubano Silvio Rodríguez. Su presencia es esperada. A pocas horas de llegar va rumbo a la conferencia para dar detalles sobre A doce cuerdas. Concierto para una nación, única presentación que dará el viernes 7 de mayo en el estadio Hiram Bithorn junto a su amigo Roy Brown, cantautor y guitarrista.

En la Isla hermana el cubano tiene el tiempo contado. Solo seis días.

Mezclado entre periodistas, fotógrafos, camarógrafos, técnicos de audio y luces está Andy Montañez. No toma notas, solo apunta en su mente las palabras del poeta. No lo conoce personalmente, por eso está en la rueda de prensa. Y ahora que todo está dicho, que han dado por terminada la conferencia, El niño de Trastalleres aguarda su turno.

Cámara en mano la prensa está al acecho de lo que sucederá entre estos dos grandes. Finalmente se saludan, abrazan e intercambian frases de elogio. La instantánea queda, y ellos tendrán que posar para algún fotógrafo demorado. A menos de 72 horas, los organizadores del Carnaval de la Calle 8, le niegan a Andy su participación. Lo tildan de rojo por saludar a Silvio. La «bulla» de la derecha miamense molesta y los grandes titulares con la imagen ambos le ponen leña a la candela.


La Habana, mayo de 2022. Andy Montañez atraviesa el Malecón, la calle Línea del Vedado y la 5ta Avenida del municipio Playa. En la calle 98 A, exactamente el No. 538, Silvio Rodríguez lo espera en los Estudios Ojalá.

Desde aquel encuentro de 1997 ambos se han visto varias veces. El boricua le canta Mi Unicornio Azul con un tono íntimo, de viejos amigos. El trovador, mientras tanto, asume un gesto tímido, no sabe qué hacer.

Andy Montañez junto a Silvio Rodríguez / Foto de Alfredo Montañez

El siguiente tema es Fantasía Sideral, una de las canciones que sueña incluir en su próximo disco, junto a otros boleros del puertorriqueño Ismael «Maelo» Rivera.

Entre los regalos que Andy se lleva de Cuba, estarán los libros de Ojalá. El boricua es travieso por excelencia, pero se detiene a hojear cada volumen con una rara tranquilidad, deteniéndose en cada foto que encuentra.

No hicieron falta las cámaras, ni los titulares. El abrazo se repitió en la Isla, más de 20 años después.


De izquierda a derecha Ethiel Failde, Tomasita Quiala y Andy Montañez en el Teatro Sauto de Matanzas, 2022 / Foto de Sergio Martínez

Uno musicaliza a su Puertorro, con la bandera de las tres franjas rojas y el triángulo azul: Donde se baila hasta que se amanece, donde se juega un buen dominó, un buen motivo pa´ la caldosa, un doctor juega a la pelota y de repente mete un jonrón...

El otro, guitarra en mano, canta en un barrio de La Habana. La tela ondea al fondo del escenario, tres franjas azules y un triángulo rojo: Te doy una canción y digo: Patria, y sigo hablando para ti, te doy una canción como un disparo, como un libro, una palabra…

Las dos estrellas solitarias se fundieron en un abrazo que suena a trova, bolero y salsa. Este 7 de mayo Andy Montañez cumple 80 años y lo celebra precisamente en Cuba. Ama esta Isla, su música y su gente, pero también comparte con ella el ideal independentista que se fraguó entre ambos países a finales del siglo XIX.

—Él cree en la independencia de Puerto Rico, no lo oculta— asegura Elmer González, profesor, investigador musical y amigo de Andy.

Andy Montañez bailando en el Teatro Sauto de Matanzas / Foto de Sergio Martínez

La historia del Niño de Trastalleres comenzó precisamente en esa área pequeña de Santurce, de obreros de clase media y baja que han visto crecer a otros artistas como «El jefe», Daniel Santos, y el cantante y compositor Dany Rivera.

La primera agrupación de Andy Montañez fue su familia: un coro de 18 hermanos, su madre Doña Celina, con la habilidad de reconocer talentos innatos, y Don Andrés, su padre «bohemio de profesión», que todos los fines de semana se sentaba con su guitarra a cantar boleros y los tangos de Carlos Gardel.

Una breve reseña de su vida diría: Cantautor y compositor puertorriqueño. Alcanzó reconocimiento mundial como miembro del Gran Combo de Puerto Rico y la Dimensión Latina. Popularizó temas como El swing, El eco de un tambor y Casi te envidio. El 2 de noviembre de 2006 ganó su primer Grammy Latino por el mejor álbum tradicional junto a Pablo Milanés. En el 2016 recibió el Premio Internacional Miguel Matamoros, que otorga la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, por los aportes a la cultura popular de su país y a la identidad musical antillana.

Con más de 60 años de carrera musical es imposible imaginar que El Querendón de la Salsa estudió ebanistería en la escuela vocacional. Pocos saben que acostumbra tener a mano un puñado de sal durante las presentaciones. Tiene alma de bolerista y se emociona siempre con Guitarra mía, tema compuesto por su papá, su héroe. No es difícil de encontrar, le gusta caminar Santurce con su esposa Xiomara y meterse en cualquier recoveco. Si preguntas qué rasgo lo distingue, los amigos dirán sin dudarlo: La humildad.

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