Creado en: marzo 22, 2021 a las 07:46 am.

Rigoberto Rodríguez Entenza, un narrador que vive buscando cuentos (II)

El narrador oral espirituano Rigoberto Rodríguez Entenza, Coco,
cree que las historias pueden estar en cualquier parte. /
Foto: Tomada del perfil de Facebook del entrevistado

En esta segunda parte de la entrevista con el dramaturgo y crítico de arte seguimos subiendo el telón, y tras las luces del recuerdo, acercándonos a momentos importantes de su vida y obra.

– ¿Cómo haces para reescribir tus propias obras?

Hay cuentos que yo básicamente he escrito, o poemas míos que he convertido en cuentos. Existe un cuento que se titula El señor López, un hombre al que se le “cae” una palabra, que lógicamente, es una metáfora. A partir de ahí es un cuento que yo escribí, lo que pasa es que cuando hago el cuento hay un público al que yo le estoy mirando los ojos, con el que comparto el mismo aire. Eso implica que en ese momento puedan surgir palabras, emociones, intenciones que no están en el cuento original”.

“Hay un cuento para niños: La señorita traga truenos. Primero se me ocurrió la idea, y empecé a contarlo. Después de contarlo muchas veces, fue que lo escribí. Está publicado en un libro que se titula La señorita traga truenos y otros cuentos.

“El cuento, cuando se hace, es del narrador oral. Él es el dueño del cuento, es el dios del cuento. Él puede quitar, agregar, en complicidad con el público; pero yo creo que el origen debe ser diverso. El narrador tiene que tener un arsenal que se mueva en muchos matices para que pueda tener un encuentro con el público, porque recuerda que es un hombre solo- o una mujer- delante de un público y tiene que valerse de sí mismo, solamente de su cuerpo y de su voz para estar un tiempo ante el público”.

– ¿Qué proyectos llevan tu espíritu, tu sello?

“Mantengo desde hace muchos años un espacio fijo en la Escuela Bernardo Arias, de la Ciudad de Sancti Spíritus. Esun espacio que se titula Encuentro con la palabra, al que le he dedicado los últimos 15 años de mi vida. Ahora estamos haciendo un sistema de talleres con el Consejo Provincial de las Artes Escénicas.

“En Sancti Spíritus hay actores y trabajadores de las bibliotecas que tienen interés en la Narración Oral, y estamos tratando de construir como especie de una red en la que se abran espacios para esa expresión artística. Allí mismo en la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena, en la sede de los grupos teatrales, para que haya un desarrollo, porque muchos lo hacen de manera casual, pero el narrador necesita una sistematicidad, que es también un modo de entrenarse en un arte que es muy específico”.

– ¿Cómo catalogas la Narración Oral en Cuba?

“Creo que en Cuba hay un gran movimiento de narradores orales en todo el país, de muy buenos exponentes. Se le debe mucho a María Teresa Freire de Andrade, que fue directora de la Biblioteca Nacional de Cuba, y que creó el espacio en los años 60: La hora del cuento. A partir de ahí Francisco Garzón Céspedes, Mayra Navarro, Elvia Pérez, que son figuras más conocidas, pero a lo largo de todo el archipiélago cubano hay un importantísimo movimiento de narración oral”.

“En Sancti Spíritus hay un grupo de actores que tienen interés de dedicarse con sistematicidad al arte de la Narración Oral. Yo creo que es un buen momento, y, además, es un arte que merece un espacio, una sistematicidad porque el público lo agradece mucho porque forma parte de la tradición de la cultura cubana.

– ¿Qué trascendencia consideras que tiene la Narración Oral para la Cultura Cubana?

“Si la Cultura Africana, y una buena parte de otras culturas, como la Hispana, permanecieron en la historia de Cuba, fue gracias a la persistencia de los narradores orales”.

“Las primeras historias del mundo afro en la Cultura Cubana se conocen gracias a la oralidad. ¿Qué son los llamados Patakíes de los Orishas, sino parte de la tradición de la narración oral cubana? Cuando uno lee, digamos a Natalia Bolívar, a Lydia Cabrera, en el libro El monte, uno está leyendo ahí hechos que se recogieron por la tradición oral”.

“Una buena parte de la literatura de las tradiciones que recuperó Samuel Feijóo se debe a la tradición oral. Yo creo que la Cultura Cubana le debe mucho a la Narración Oral, de manera que tomárselo en serio, dedicarle tiempo, estudiarla es una deuda que tenemos con la Cultura Cubana”.

Te has prodigado entre la Poesía, la Dramaturgia, la Crítica Cultural, la Pedagogía, la Comunicación y la Narración Oral ¿Qué te distingue más?

“Soy más conocido como escritor. No sé si se debe a que he tenido mayor promoción, pero eso no significa que una faceta tenga, para mí, más valor que la otra. No soy maestro, ni experto en nada, pero hago varias cosas, entre ellas investigar, estudiar, sistematizar en la producción teatral de Cuba”.

“Intento escribir todos los días, narrar cuentos, que es algo que forma parte de mi vida como ser humano. Cuando doy una clase, de alguna manera soy un narrador oral. Incluso, como soy profesor de Literatura, me permite en determinado momento aplicar el universo teatral, de la Narración Oral, el universo mismo de la escritura, de la poesía”.

“Uno es un solo ser humano, aunque haya muchos componentes con los cuales uno pueda interactuar. Creo que el sentido verdadero está en que uno sea un creador, y que sea capaz de hacer algo con sinceridad. Eso para mí es fundamental.

– ¿Qué público prefieres?     

“Yo hago más Narración Oral para niños, porque me es más difícil encontrarme con el público adulto. Pero eso no significa que haya una preferencia por un público u otro, aunque en realidad he tenido muchos más actos de gentileza de los niños”.

“Tengo experiencias muy bonitas, incluso con los niños que ya no son niños. Me alegró mucho que un joven de alrededor de 20 años me haya escrito por las redes sociales, y lo que haya recordado de mí es de cuando él estudiaba en la escuela donde yo iba a hacer cuentos una vez al mes. Él era parte de ese público. Que lo recuerde con cariño, es algo que uno agradece”.

– ¿Cómo recuerdas las cruzadas teatrales que has realizado por zonas rurales de la provincia de Sancti Spíritus?

“Son muchas historias para contarte. Fui a contar historias a Yaguajay, a Venegas, específicamente. Antes había ido a algunas peñas a un lugar del pueblo que se llama La casa de Abel. Era el inmueble de un muchacho que prestaba su espacio para una peña de Literatura”.

“Dejé de ir y, al cabo del tiempo cuando volví, conté cuentos para niños y para adultos. Hubo un silencio tan grande, y momentos en los que yo sentí que la gente estaba contando su propio cuento. Sentí que no solo yo contaba la historia. Eso me llevó a una emoción fascinante, porque las cruzadas y esos eventos a los que uno va, a los que Eliseo Diego les llamaría Por los pequeños pueblos, tienen el encanto de encontrar un público que no está viciado. No estoy hablando de desconocimiento. Me refiero a un público que cree en la utilidad de la palabra”.

“Ese público puedes encontrarlo en una gran ciudad, no es algo privativo de los campos, pero en mi experiencia en esos encuentros de lecturas, de contar historias, esos públicos te dan una satisfacción casi divina, porque estás hablando con el origen del ser humano, con el encuentro más auténtico entre los seres humanos”.

En el cuento de su vida artística, Rigoberto Rodríguez Entenza hace una retrospectiva y vuelve a vivir sus días en la ENA, e hilvana actos de su vida estudiantil.

“A nosotros nos llevaban a las paradas de los ómnibus, a lugares públicos horas y horas a observar el comportamiento de los seres humanos. Un creador tiene que estar ávido, mirar a su alrededor, aunque parezca que no está mirando y tratar de captarlo todo, saber que en todo ese mundo está el arsenal, la materia prima de tu obra de arte”.

– ¿Qué se necesita para ser un narrador oral?

“Un creador en sentido general tiene que conocer la historia del arte, tiene que intentar hacerse de una cultura. Por ejemplo, un narrador oral tiene que conocer la historia del cuento, la Literatura Universal, tratar de tener un arsenal que te permita jugar con la palabra, con el destino del cuento y hacer todo lo que uno hace con disciplina, dedicarle un tiempo serio para poderlo hacer”.

“A mí me gusta mucho una frase de un profesor de Filosofía, Tajonera, a quien le agradezco conversaciones que tuvimos. Él decía algo que me acompaña para siempre: cuando un hombre canta, cuando baila, cuando hace el amor, pone en ello toda su cosmovisión, toda su cultura”. Y yo creo que uno tiene que ir armando un arsenal cultural en sentido general que lo va a acompañar, y que cuando usted vaya a hacer lo que vaya a hacer, eso que usted ha buscado en la vida, y que, por supuesto se acumula, también va a formar parte de lo que usted hace, esté visible o subyacente.

– ¿De qué lado del escenario te ubicas en medio de la batalla cultural contra Cuba que tiene espectadores y financiadores en el exterior?

 “Yo siempre he dicho que un creador, un artista, debe tener un sentido cívico. Hay un campo teórico importante en el que se habla de la responsabilidad cívica del arte. El arte tiene un origen en la revelación de la vida del ser humano, es un acto de humanidad por su naturaleza. Contravenir el sentido humano del arte es un acto de lesa humanidad”.

“Yo creo que no se puede ser un creador e ir contra la humanidad. A mí me gusta mucho la idea de Martí de Patria es humanidad, y yo creo que cualquier acto que uno cometa que no sea de sinceridad con el ser humano, que no legitime los valores del ser humano, es un acto que va contra el arte”.

“No quiere decir que un creador no puede tener y expresar en su arte un pensamiento, tener una actitud política, todo eso es permitido, pero usar el arte de manera rancia como un hecho político, usar el arte para obtener otras ganancias yo creo que es un acto verdaderamente miserable”.

“Yo respeto todas las ideologías, todas las creencias de los seres humanos, pero uno no puede olvidar el mundo en que vive. Un ser humano tiene que conocer la historia de la que es parte. Se ha dicho que saber historia no es saber lo que ha pasado, es saber lo que va a pasar, y el hecho de saber lo que ha pasado, de saber que hubo un Maine, y de todos los pretextos que ha habido para construir una justificación que sea para destruir lo humano, yo creo que eso no tiene sentido”.

“Yo no me prestaré nunca para ningún acto que tenga que ver con la degeneración de la humanidad, y mucho menos con lo que ofenda a lo que es mío, o sea parte de la Cultura Cubana. Yo soy un hombre que vive en un pequeño pueblo del interior de Cuba y respondo a la historia de la que soy parte”.

“No me perdonaría nunca ir contra la historia de una nación que se ha visto urgida de defenderse por la sencilla razón de que ha sido ofendida, vilipendiada. Uno no puede olvidar, por ejemplo, que un acto tan glorioso como la historia de los mambises en Cuba, como el de Martí, de construir un universo ideológico tan serio, tan sincero, tan profundo, tan orgánico, como el Antimperialismo”.

“Hay cosas que no se pueden olvidar, independientemente de que también creo que es necesario en el mundo de la cultura que haya un diálogo, un entendimiento, que las personas se escuchen, pero creo que un diálogo es de dos, que los seres humanos que participan deben reconocerse uno a los otros, respetarse, y no buscar motivaciones que no tengan un origen sincero, que no tengan origen en una cultura auténtica, y que sea sobre todo con una visión humana del mundo en que vivimos”.  

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