Creado en: septiembre 26, 2021 a las 09:37 am.

Rosario Franco, pianista y pedagoga cubana de relieve

El piano cubano tiene en la artista a una de sus ejecutoras y maestras cimeras del siglo XX.

Merecedora del Premio por la Obra de la Vida de la Asociación de Músicos de la UNEAC, reconocimiento que ella recibirá este lunes, la habanera Rosario Franco Betancourt constituye una de las figuras reconocibles de la pianística patria.

La artista nacida en 1930 y quien ha recibido antes, entre otros méritos, la Distinción por la Cultura Nacional, también contribuiría mediante su sistemático quehacer, de manera fehaciente, a la difusión de la música de la Isla e internacional.

De acuerdo con los especialistas, resalta en su ejecutoria interpretativa la manera fluida a través de la cual se escuchan sus acordes en cada una de sus presentaciones.

Rosario Franco Betancourt, según la Enciclopedia Colaborativa Ecured, estudió en el Conservatorio Estrada, de la capital cubana; así como en los norteamericanos The Piano School y Hunter College.

También adquiriría parte de sus vastos conocimientos en academias europeas, de la guisa de la Escuela Normal de Música de París, en Francia, y la Escuela Superior de Música de Frankfurt, en la vecina Alemania.

Es música profesional desde hace 68 años, cuando realizó su primera incursión en un escenario, en la sala parisina Chopin Playel.  

La Franco Betancourt, luego de esto, inició una fecunda trayectoria marcada por disímiles de tales presentaciones en teatros del Viejo Continente y de América.

Registros sonoros de su obra fueron acometidos por la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM).

A la par de su carrera como pianista, ella se desdobló en la enseñanza del instrumento. Por ejemplo, enseñó el difícil arte en el Conservatorio Municipal de Música de La Habana, luego denominado Conservatorio Amadeo Roldán.

La maestra Rosario representa ejemplo de talento y tenacidad, de constancia en la interpretación y la pedagogía.

Ella es, por sobre todo, alguien de quien debemos sentirnos agradecidos, en virtud de una vida de entrega en función de que persevere parte de lo más noble y bello germinado por nuestra especie. Personas así necesitamos muchas.

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