Creado en: agosto 19, 2021 a las 09:57 am.

Artemisa: Ungida por la Unión

Para hablar de Artemisa hay que hablar de sus artistas. Ellos son parte imprescindible de la historia local y nada de lo que sucede en el país o en el territorio occidental les es ajeno a quienes trabajan la orfebrería de los sentimientos y la belleza. Desde las distintas manifestaciones del arte se establece el diálogo, la comunicación con la Dirección Provincial de Cultura, la Asociación Hermanos Saiz, las unidades de la Egrem, el Centro Provincial del Libro, la Sociedad Cultural José Martí, la Asociación de Historiadores  o la Unión de Periodistas. 

Por la cultura se organizó el Comité Técnico Asesor y se rompieron los muros del individualismo consiguiendo los ingredientes del triunfo en la voz plural, en el consenso armónico. Una provincia en construcción, una identidad que se afirma no puede prescindir de peñas donde la alianza nos permita el producto mejor, el que merece el pueblo. 

¿No son acaso los artistas el pueblo mismo? ¿No es el mismo país el que nos late dentro y aflora en la interpretación de cada cual según su talento?  La UNEAC llega a sus sesenta y Artemisa solo cuenta diez años en su hoja de vida, pero la cultura se hizo sabia en el tiempo. Tuvo que ver con las notas de Perucho sobre el corcel, con la corneta que retumbó en los campos con los poemas cantados al pie de un ventanal, el tren humano arrollando en la calle principal del pueblo y hasta la danza alrededor del fuego de los primeros pobladores.

Esa cultura es aún más grande, se multiplica en la unión de quienes la defienden. Artemisa no espera la orden para ponerse su uniforme. Los artistas se van a combatir al caballete, al tablado, al micrófono, a la cabina. Llevan la credencial de ser auténticos. De hablar con propia voz y defender el lado de los justos. Tienen el crédito de haber sido siempre los hombres y las mujeres de la Revolución. La autoridad de no haberse callado en ningún escenario porque no puede callarse el sentimiento y los artistas sienten primero y hablan con la mano en el pecho. 

Ellos saben lo que cuesta entender una idea diferente,  lo que puede una actitud burocrática, lo que apaga un esquematismo autoritario el fuego de esta obra. Por eso saben también la importancia de no ceder y no cansarse. Por eso levantan sus creaciones como mejores argumentos y producen riqueza para los suyos. Crece Artemisa en cada voz que se levanta y en la cultura apoya sus manos para andar derecho. La Unión es la sustancia donde todo se cuece. La Unión es la promesa de un futuro mejor  con más poesía, más música, más color, más imagen y más  escena porque tendrá que haber sin dudas mucho más  al interior de los creadores.

La cultura se amplía hasta el necesitado, va al centro de salud, ameniza un vacunatorio, promueve una donación, abraza a un niño sin amparo familiar, transita las comunidades más alejadas y regresa de cada embestida contra la ignorancia saludando a Martí. Sabe que este es el único modo de ser libres. Sabe que la incultura nos hace vulnerables y crédulos. Solo el oído diestro puede enfrentar los cantos de sirena. Solo el amor consigue encender lo nuestro.

Artemisa disfruta la bendición de sus artistas. Les abre el escenario y repara los aplausos. Hoy la plaza está en calma y sin embargo vibran mil plazas por todo el territorio. Hay una plaza en cada profesional de la cultura, en cada embajador de cubanía que abona el símbolo, que asume el credo del Profeta de verde y sostiene las armas contra la enajenación y la desidia.

Para hablar de Artemisa hay que hablar de sus artistas. Ellos son parte imprescindible de la historia local y nada de lo que sucede en el país o en el territorio occidental les es ajeno a quienes trabajan la orfebrería de los sentimientos y la belleza. Desde las distintas manifestaciones del arte se establece el diálogo, la comunicación con la Dirección Provincial de Cultura, la Asociación Hermanos Saiz, las unidades de la Egrem, el Centro Provincial del Libro, la Sociedad Cultural José Martí, la Asociación de Historiadores  o la Unión de Periodistas. 

Por la cultura se organizó el Comité Técnico Asesor y se rompieron los muros del individualismo consiguiendo los ingredientes del triunfo en la voz plural, en el consenso armónico. Una provincia en construcción, una identidad que se afirma no puede prescindir de peñas donde la alianza nos permita el producto mejor, el que merece el pueblo. 

¿No son acaso los artistas el pueblo mismo? ¿No es el mismo país el que nos late dentro y aflora en la interpretación de cada cual según su talento?  La UNEAC llega a sus sesenta y Artemisa solo cuenta diez años en su hoja de vida, pero la cultura se hizo sabia en el tiempo. Tuvo que ver con las notas de Perucho sobre el corcel, con la corneta que retumbó en los campos con los poemas cantados al pie de un ventanal, el tren humano arrollando en la calle principal del pueblo y hasta la danza alrededor del fuego de los primeros pobladores.

Esa cultura es aún más grande, se multiplica en la unión de quienes la defienden. Artemisa no espera la orden para ponerse su uniforme. Los artistas se van a combatir al caballete, al tablado, al micrófono, a la cabina. Llevan la credencial de ser auténticos. De hablar con propia voz y defender el lado de los justos. Tienen el crédito de haber sido siempre los hombres y las mujeres de la Revolución. La autoridad de no haberse callado en ningún escenario porque no puede callarse el sentimiento y los artistas sienten primero y hablan con la mano en el pecho. 

Ellos saben lo que cuesta entender una idea diferente,  lo que puede una actitud burocrática, lo que apaga un esquematismo autoritario el fuego de esta obra. Por eso saben también la importancia de no ceder y no cansarse. Por eso levantan sus creaciones como mejores argumentos y producen riqueza para los suyos. Crece Artemisa en cada voz que se levanta y en la cultura apoya sus manos para andar derecho. La Unión es la sustancia donde todo se cuece. La Unión es la promesa de un futuro mejor  con más poesía, más música, más color, más imagen y más  escena porque tendrá que haber sin dudas mucho más  al interior de los creadores.

La cultura se amplía hasta el necesitado, va al centro de salud, ameniza un vacunatorio, promueve una donación, abraza a un niño sin amparo familiar, transita las comunidades más alejadas y regresa de cada embestida contra la ignorancia saludando a Martí. Sabe que este es el único modo de ser libres. Sabe que la incultura nos hace vulnerables y crédulos. Solo el oído diestro puede enfrentar los cantos de sirena. Solo el amor consigue encender lo nuestro.

Artemisa disfruta la bendición de sus artistas. Les abre el escenario y repara los aplausos. Hoy la plaza está en calma y sin embargo vibran mil plazas por todo el territorio. Hay una plaza en cada profesional de la cultura, en cada embajador de cubanía que abona el símbolo, que asume el credo del Profeta de verde y sostiene las armas contra la enajenación y la desidia.

La UNEAC artemiseña es aún pequeña de cuerpo, pero en ese David no mengua el poderío de la onda. Su bandera es común porque está ungida en la vocación de contribuir a la construcción de una provincia y un país desde la identidad. En ese empeño crece cada día, a veces silenciosa, otras en el estruendo del ramaje que se ensancha, pero siempre hacia arriba. Una provincia con historia tan grande, con raíz tan profunda, solo puede avanzar hacia la altura, hacia la gloria misma.

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