Creado en: marzo 25, 2021 a las 04:11 pm.

Leer es un placer (II)

Como decía en mi anterior entrega, cuando un lector se adentra en un libro y corre por el texto de la mano del escritor, no se pone en contacto con un solo escritor. ¿Cómo es posible? Porque el escritor es un ente de su tiempo y a través de su vida ha leído a otros escritores, se ha alimentado de los libros de su presente y anteriores, de la oralidad que viene de sus antepasados, ha recibido un gran material de la memoria colectiva del mundo, de su país, de su comunidad.

A veces escuchamos que tal escritor tiene la influencia de un determinado escritor porque de alguna manera puede reconocerse en sus textos, pero no es solo eso. Otros están también, los que fueron negados o “descuartizados” o como ya apuntó un estudioso: “canibaleados”. Pero lo importante es que están en un escritor “los otros”.

Así que cuando leemos, con placer, disfrutamos no solo de la voz de un escritor; sino de muchísimas voces que componen el acervo cultural de este y de todos los demás. Piénsese en dos espejos enfrentados que reproducen la imagen hasta perderse en no se sabe dónde.

Visto así, este maravilloso fenómeno que es el libro es más disfrutable, porque puede el lector estar alerta para descubrir a los “otros”. Ahora recuerdo el poema de Nicanor Parra: “Defensa de Violeta Parra” que comienza: Dulce vecina de la verde selva, huésped eterno del abril florido… (en abierta referencia a la oda “Al Céfiro” de Esteban Manuel de Vellegas). O también el título “Semejante a la noche” (¡qué tremendo título!) del cuento de Alejo Carpentier, quien usa de epígrafe el verso de La Ilíada, Canto I: Y caminaba, semejante a la noche.

Leer es un placer y comentar estas cosas es para mí otro.

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