Creado en: abril 8, 2021 a las 08:09 am.

Araceli García-Carranza Bassetti: Orden Carlos Juan Finlay

La verdadera dignidad no consiste en

 recibir honores, sino en merecerlos

Aristóteles

A la doctora Araceli García Carranza Bassetti le fue conferida la Orden Carlos Juan Finlay, que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba, en justo reconocimiento a su fecunda trayectoria en el campo de la investigación científica y cultural, y especialmente, en el de la investigación bibliográfica. Tanto es así, que ha sido considerada por expertos internacionales como una de las mejores bibliógrafas de Iberoamérica.

Araceli es doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de La Habana, profesora titular adjunta de nuestro máximo centro de educación superior, miembro del Tribunal de Categorías Científicas del Ministerio de Cultura, jefa de Investigación de la Biblioteca Nacional de Cuba «José Martí», verdadera catedral de la cultura cubana y universal, y jefa de redacción de la Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, su emblemático medio de prensa.

La doctora García-Carranza es miembro titular de la Asociación Cubana de Bibliotecarios (ASCUBI), y miembro ilustre de la sexagenaria Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), entre otras organizaciones nacionales y foráneas.   

Ha sido laureada con la Distinción por la Cultura Nacional, la Distinción «Félix Elmuza» y las Medallas Alejo Carpentier y Nicolás Guillén, así como con el Premio Nacional de Investigación Cultural.

Ha sido la bibliógrafa de figuras legendarias de la cultura nacional e internacional, así como de las publicaciones locales del Siglo XIX insular: la Revista Bimestre Cubana y La Gaceta de Cuba.

Por otra parte, la distinguida intelectual habanera ha dado a la estampa varios libros y artículos periodísticos en revistas cubanas y extranjeras, que constituyen aportes básicos al desarrollo de la cultura caribeña e iberoamericana.

Las valiosas contribuciones de la eminente bibliógrafa e investigadora devienen fuente de consulta y orientación en la labor de investigadores, docentes y estudiantes, quienes —en todo momento— han encontrado en ella apoyo, estímulo y ayuda especializada.

¿Qué significa para usted haber sido galardonada con la Orden Carlos Juan Finlay, concedida por el Estado Cubano?

Es un reconocimiento que nunca soñé […]. Ha sido totalmente inesperado […]. Me siento muy orgullosa de haber tenido el inmenso privilegio de haber recibido la Orden Carlos Juan Finlay; lauro que me obliga —mucho más— a entregar lo mejor del intelecto y el espíritu a favor de la ciencia y la cultura cubanas.

¿Por qué la Bibliotecología, y concretamente, la investigación bibliográfica, captaron no solo la atención de aquella joven doctora en Filosofía y Letras, sino también condicionaron su entrega en cuerpo, mente y alma al desarrollo de esas disciplinas científico-técnicas y humanísticas?

Mi entrega en cuerpo, mente y alma, como usted bien dice, primero estuvo condicionada por la carrera de Filosofía y Letras, que cursé en la capitalina Alma Mater, orientada no solo por mi vocación hacia las letras, sino por una ilustre profesora que tuve en el Instituto No.1 de La Habana, la doctora Mercedes García Tudurí, y después por mi querida y centenaria institución.

Desde el principio, me identifiqué —profesional y emocionalmente— con la labor bibliográfica, ya que todo lo que hacía en ese contexto me parecía muy fácil y muy útil, y si bien no había estudiado Bibliotecología, el conocimiento de dicha disciplina me parecía reconocerlo paso a paso como si lo hubiera adquirido en las aulas universitarias.

¿Qué huellas le han dejado, en el intelecto y en el espíritu, la Biblioteca Nacional de Cuba «José Martí» y su paradigmática Revista, identificada como enciclopedia de la cultura cubana?

Ha sido definitoria […], es mi vida misma, aquí conocí a Julito, mi fallecido esposo, y con él y mientras trabajaba en esta institución, he vivido más años que sin ellos, y por supuesto, me ha desarrollado desde la vertiente intelectual, porque una biblioteca bien trabajada es una rigurosa universidad. Y también desde el punto de vista espiritual, ya que la biblioteca cultiva, refina y desarrolla los mejores valores del ser humano.

El enfrentamiento cada día —de una u otra manera— al saber y a la memoria del hombre genérico hasta llegar a tener un concepto exacto y preciso del valor patrimonial del universo documental, ha ido construyendo y transformando mi personalidad, y si bien no soy perfecta, creo —al igual que el Apóstol— en el mejoramiento humano, y la biblioteca es —sin duda— una vía idónea para logarlo.

¿Y la Revista?

Durante diez años suspiré por poder publicar en ella, y eso al fin ocurrió en 1972 cuando logré publicar la bibliografía del doctor Ramiro Guerra. Para mí fue un apreciable logro, porque como decía su sabio director, doctor Juan Pérez de la Riva, en la Revista no publicaba cualquiera. Después, llegarían otras colaboraciones […]. Discurrió el tiempo, y en 1998, el director Eliades Acosta Matos me nombró jefa de redacción. Nada, que he tenido la satisfacción de publicar en la Revista y ser la redactora de esa «enciclopedia de la cultura cubana» —como usted bien dice— desde hace más de dos décadas.

¿Qué representa para usted ser compiladora de la obra de tantas figuras legendarias de la cultura cubana y de mucho más allá de nuestras fronteras geográficas?

Yo he compilado la vida y la obra de eminentes personalidades de la cultura cubana, y en especial, al iniciar la compilación de la obra de Alejo Carpentier en 1971, le escribí a París, donde era Ministro Consejero de la Embajada de Cuba en Francia, para que me proporcionara más información acerca de la que ya poseía la Biblioteca Nacional […], hecho que motivó que —en el verano de ese año— me visitara en mi cubículo […], y me entregara una primera parte de su documentación; primera piedra de lo que es hoy su colección depositada en vida por el autor de El siglo de las luces en la Biblioteca Nacional, una colección invaluable para la cultura cubana, y por supuesto, en términos económicos, una colección millonaria.

Cada verano Carpentier traía consigo nueva documentación hasta poco antes de su lamentable deceso, acaecido el 24 de abril de 1980. A partir de ese año, la viuda, señora Lilia Esteban de Carpentier (también fallecida), seguía enriqueciendo la Colección con nuevos documentos, libros en más de veinte idiomas, y más originales. Con motivo del centenario de Alejo Carpentier, Lilia donó Verídica historia, novela inconclusa que su esposo escribía en los días precedentes a su muerte.

Al llegar a mis manos esa preciosa Colección, hice un análisis de ese material hasta plasmarlo en un catálogo diccionario, y paralelamente, compilé con fuentes impresas la Biobibliografía (Editorial Letras Cubanas, 1984). Con posterioridad, vinculé los suplementos publicados en 1989 y 1999, con el que compilo hasta hoy, por lo que he tratado de seguir —paso a paso— el movimiento editorial de Alejo Carpentier en la mayor isla de las Antillas y en el orbe.

Por el enfrentamiento a tan rigurosa demanda que exige semejante obra he logrado otros repertorios, ensayos bibliográfico-críticos acerca de la bibliografía actualizada por el Premio Cervantes de Literatura 1977 en cada una de sus grandes novelas: la presencia de América y de España y sobre otras líneas temáticas de la obra carpenteriana, que resultan hilos conductores para los estudiosos de la vida y la obra del también Premio Nacional de Literatura, tan cubano como universal.

¿Algo que desee añadir para que no se le quede nada en el tintero?

Ante todo, advertirles a los jóvenes que se inician en el apasionante campo de la Bibliotecología y la Investigación Bibliográfica que busquen desesperadamente su verdadera vocación, y después, entrega, estudio, paciencia, dedicación, sencillez y humildad, para lograr el verdadero disfrute en el contexto de la profesión, fuente nutricia de ética, humanismo y espiritualidad.

Creo que […], alcanzamos la felicidad cuando nos realizamos (hacer las cosas con infinito amor) con el trabajo o con nuestra vida personal, cuando obtenemos resultados, cuando acertamos, cuando ofrecemos lo que somos, cuando damos lo mejor de nosotros mismos con alegría y amor.                

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