Creado en: febrero 13, 2021 a las 08:09 am.

José Loyola: Llegar con arte a los 80 (II)

Loyola fundó la Charanga de Oro con el objetivo de mezclar sonoridades de la música popular y la culta

Casi de manera poética, el cerebro es la confluencia entre lo físico y lo sensitivo. Ese órgano controla los movimientos voluntarios, el habla, la inteligencia y las emociones.

La música es sonido. El sonido es vibración. La vibración es energía que, en forma de ondas, recorre el no muy largo trecho entre el oído y el cerebro. Todo lo escuchado se convierte en un recuerdo sonoro de lo que fuimos y lo que somos.

Dicha memoria acústica acompaña siempre a José Loyola Fernández: el violín que aprendió a tocar con un método francés, su padre en Los Naranjos y la Aragón, la Orquesta militar de Santa Clara, Caturla y Amadeo Roldan, las clases de Federico Smith y Leo Brouwer. Los sonidos conforman la partitura cerebral de una vida que ha transcurrido de una nota musical a la siguiente.

Afortunadamente, esa melodía no quedó solamente en las ramificaciones neuronales del artista, sino que se transformó en piezas de La Charanga de Oro y otras como su ópera Monzón y el rey de Koré.

El musicólogo se ha dedicado a compartir sonidos en distintos formatos: a través de la propia música, el Festival Internacional Boleros de Oro, con sus libros La charanga y sus maravillas, En ritmo de bolero, La música en el documental cubano. Sin embargo, la vocación de intercambiar sabiduría sonora comenzó con sus alumnos de la Escuela Nacional de Arte.

«En Polonia hice el Máster de composición. Cuando regresé a Cuba estaba aquel principio de que terminabas de formarte y había que ayudar a la formación de otros. Apenas llegué me echaron el guante, como se dice popularmente. En la ENA fui profesor de los cursos para graduados del nivel medio. En aquel momento se les decía también cursos del nivel superior, pero como eso aún no estaba organizado en Cuba, se les llamó así. Impartía composición, armonía, contrapunto, orquestación, análisis musical.

«Después me llamaron a dirigir el Conservatorio Amadeo Roldán, como en 1974. Se creó el ISA. Mario Rodríguez Alemán, su rector, me conocía a mí de la ENA, cuando yo era alumno y él profesor de arte dramática. En el Instituto Superior de Arte fui fundador, no como alumno, sino como profesor. El primer vicerrector del centro fui yo. Desde entonces estuve ahí y ahí sigo con mis alumnos».

«Un peligro en la formación es que impongas determinados criterios estéticos, estilos. Usted le da al estudiante las posibilidades. Les dice puede ser por aquí, por allá. Hay contenidos básicos que necesita dominar, ahí no hay remedio. Pero, independientemente de lo fundamental, básico e indispensable, tiene que abrirle posibilidades para que él pueda escoger y colocarse en el estilo que desea. Esa es de las cosas que más me satisfacen: la formación de los jóvenes, ayudar a que el talento de aquí se desarrolle».

¿Cómo surge la idea de crear el Festival Internacional Boleros de Oro?

Ahí tenemos que hablar de la UNEAC como organización que representa a la vanguardia artística. La organización ha sido un espacio ideal para la creación de eventos de carácter nacional e internacional. Hubo una etapa en la que el bolero, que es uno de nuestros géneros raigales, no estaba en primer lugar en la promoción. Ahora creo que se está manejando que sea declarado patrimonio nacional, aunque debió ser uno de los primeros. Los boleristas de esa época empezaron a jubilarse: Roberto Sánchez, Fernando Álvarez, Lino Borges, Mundito González. Otros estaban, pero no tenían publicidad.

En 1986, Argeliers León me invitó a ser jurado, junto a él y Teté Linares, de un evento de musicología auspiciado por Casa de las Américas. Ahí revisamos una gran cantidad de libros sobre el bolero y sus personalidades. Había una preocupación. Entonces, en la UNEAC, decidimos crear un espacio teórico para debatir sobre el género. En el 87 se realizó el coloquio El bolero en Cuba y Latinoamérica. Ese espacio duró tres días, pero se me ocurrió calzarlo con eventos en vivo.  Creo que fue 4, 5 y 6 de julio, hicimos un espectáculo en el teatro Mella. Orlando Quiroga, el guionista del espectáculo me dijo: “Oye Loyola, eso del Bolero en Cuba y Latinoamérica funciona para el coloquio, pero para un espectáculo eso no tiene pegada”. Vamos a ponerle Boleros de Oro. Él fue quien le dio el nombre y a mí me encantó aquello. Estuvieron boleristas reconocidos, logramos una emotividad tremenda. Déjame decirte que el Mella se repletó, la gente casi rompe los cristales de la entrada.

Al año siguiente salimos con el Festival Internacional Boleros de Oro, porque los mexicanos se enteraron de lo que habíamos hecho. Vino Mario Ruiz Armengol y otros 12 artistas mexicanos. Así se fue expandiendo, no hay un país de América Latina que no haya participado, incluso Estados Unidos. Ayudamos a hacer festivales en Venezuela, Colombia, Puerto Rico y República Dominicana.  

No es que queramos hacernos los dueños de nada, pero sí hay que ser honestos. Hemos creado, y cuando digo nosotros es la UNEAC, es la música cubana, un amplio movimiento de boleros en América Latina. Sin ese movimiento creado aquí en Cuba, no hubiera sido posible conseguir la repercusión que han tenido varios cantantes de ese género.

Creó en 2003 la Charanga de Oro con artistas de agrupaciones como el Buena Vista Social Club, Afro Cuban All Stars, Manguaré y la Orquesta Sinfónica Nacional. ¿Cómo reinsertar estas sonoridades de la charanga cubana, exitosa en las décadas de los 40, 50 y 60, en las listas de reproducción del siglo XXI?

El sonido charanga identifica a la música cubana de varias épocas y generaciones. La charanga fue uno de los grandes difusores del danzón, orquestas como Arcaño y sus maravillas, la Almendra. En la charanga se gestó el mambo, fue la génesis para que después se independizara como género nacido del danzón. Tiene también el mérito de haber propulsado el chachachá en el formato charanga. Le dio al son otra sonoridad, otra envoltura, aunque está más emparentado con los sextetos, los conjuntos.

Entonces yo quise volver un poco a la génesis mía, de cuando estaba en Cienfuegos. Soñé siempre con tener mi propia agrupación, pero entrarle a la charanga no solamente con aquellos conocimientos de la música popular, sino enriquecerla con otras sonoridades.

Cuando conformé la orquesta, lo hice con músicos de gran experiencia: Enrique Lazaga, Policarpo Tamayo, gente vieja, pero de gran experiencia. También con jóvenes y músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional, como Augusto Diago. Tengo jazzistas, hemos colaborado con artistas invitados como Alejandro Falcón, Maraca, Alfred Thompson. En la orquesta desarrollamos también géneros que no son característicos de la charanga. Incluso vamos a hacer un videoclip que se llama La musicoterapia sí, donde uno de los artistas principales es rapero.

En sus libros la música se imbrica con diversas expresiones artísticas. ¿Qué lo motivó a involucrarse en la investigación?

Esa base de la que te comentaba, fue la que me propició entrar en contacto con otros horizontes culturales. Tuve la oportunidad de hacer música para teatro, cine, trabajé mucho tiempo en el mundo del dibujo animado. De hecho, en este momento estoy dándole los toques finales a mi próximo libro sobre la música en el cine de animación. Espero terminarlo antes de junio.

Ayudar a formar jóvenes artistas es una de las mayores alegrías para José Loyola

Polonia tuvo una gran influencia. Con los conocimientos que adquirí allá pude adentrarme en el acervo cubano de la investigación: Fernando Ortiz, Argeliers León, una gran amistad y el padre de la musicología cubana. Aunque Argeliers tuvo su mayor amplitud en la investigación, haber sido uno de los compositores del Grupo de Renovación Musical le permitió ser más analítico, entrar profundamente en los aspectos musicológicos. De esa manera terminé trabajando diversos campos de la música: la composición, la interpretación, la música culta, la música popular.

¿Cómo se ha reinventado durante estos tiempos de pandemia y aislamiento social?

Estamos coordinando con la EGREEM un invento mío, una fusión de lo flamenco con la charanga. El DVD será ahora sin público. Los músicos trabajamos en la casa. Compongo, escribo… Quiero mantenerme activo para cuando termine esta pesadilla estar en capacidad de volver.

Llegar a 80 años no creo que sea ninguna heroicidad, hoy en día hay mucha gente que llega a los 80, los sobrepasa. Lo que sí me enorgullece es llegar a 80 años, pero con arte, llegar transmitiendo conocimientos de arte y música a otras generaciones.

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