Creado en: septiembre 25, 2021 a las 08:41 am.

El Cintio que Bauta sintió (+ Video)

Un poeta relevante, de los de mayor importancia en las letras hispanas, una figura de referencia de la cultura nacional y un hombre de profundidad extrema y de un singular diálogo interior con la poesía. Así caracterizan a Cintio Vitier, los estudiosos y entendidos, a cien años de su llegada al mundo para suerte de los cubanos y de la belleza universal.

Bauta lo recuerda con cariño. Quizás como el cartógrafo que la ubicó en el mapa junto a los legionarios del arte  que llegaron hasta estos predios, bajo el amparo de Lezama y el padre Ángel Gaztelu. El último coloso de los origenistas marcó con las huellas de su sensibilidad este terruño y el pueblo sencillo y hospitalario se ha vuelto el albacea de su imagen y el protector de su legado. Cintio está en Bauta aún. No abandona sus calles.

Es difícil pasar página cuando se trata de un hombre flechado por Martí. Cuando se trata de un alma abierta al oficio del dios del cielo y el dios de la palabra y que los puso como iguales, uno frente a otro, en el intento de que ambos sirvieran a la Patria. Cintio nombró el idioma como un trapo tenebroso que esconde la joya más ardiente. De ese ardor hizo galas. Los bautenses, los artemiseños todos, van a buscarlo en sus escritos. Presumen que por ellos dijo:

¡Oh pueblo innumerable! Estoy despierto. Estoy mirando el polvo bañado por la luz, las tinieblas disueltas en el aire cuando empieza a dibujarse la verdad: el árbol, la alegría, el sacrificio. Y sé que aún tengo más recuerdos en la sangre de los que puedo recordar, y más olvido del que puede olvidarse en este mundo.

Es difícil olvidar a un hombre así. Un hombre toda gratitud para su tiempo. Un hombre que no cayó vencido por las circunstancias, ni se victimizó cuando la incomprensión de algunos se apostó cerca de su camino. Un hombre que puso la otra mejilla de investigar, de auscultar en la poesía de la nación y legarnos, grande cual era, su acertado criterio, su juicio de erudito.

Quizás el Cintio de Bauta no es el mismo Cintio de la Biblioteca Nacional.  El nuestro es más diverso, tangible y viene de la mano de los artistas y del pueblo. Llega en anécdotas y en ínfulas de provincianos. Comulga con bohemios y locos la fiebre de veneración que lo eleva al altar donde Eliseo y Fina y Bella, y otros tantos se niegan a volverse letra muerta después de haberle dando tanta vida a las letras.

Lo estudian, lo descifran, lo muestran como renovador de la novela en Cuba, con su misticismo de los primeros tiempos o sus inquietudes por la palabra y el decir coherente.  Igual de lúcido en cada  aparición. Profundo en Este sol del mundo moral  o en la epidermis de una pieza alusiva a Lo cubano en la poesía, donde el sentir individual lo hace color o letra en la sacrílega aventura de la convivencia.

Cintio anda por el parque. Pretencioso este pueblo que lo trata de tú. Este pueblo que no descuida sus Orígenes  porque son su identidad más fuerte y más notoria. Cintio se hace más grande con el tiempo. Se pierde en la leyenda de pobladores que tejen a su capa realidades y fábulas. Su rostro se desvanece poco a poco. Es un rostro sin más rasgos que su escritura. Con el tiempo, algunos idealistas, retocaremos sus contornos. Será en vano. Bauta sintió a este hijo adoptivo de otra forma, en su poesía, herencia y testimonio  de que era un hombre superior. Así será a pesar de la academia. Una hoja tras otra no hacen un árbol. Y Cintio Vitier está sembrado para siempre en el cariño de esta tierra bendita por las musas.   

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