Creado en: agosto 13, 2021 a las 07:38 am.

Fidel, poesía propiamente dicha

Fidel Castro junto al Poeta Nacional Nicolás Guillén./ Foto: Tomada de Cubadebate

La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) nació hace casi seis décadas con la presencia del Comandante en Jefe, el 22 de agosto del año 1961, ocasión en que el Poeta Nacional, Nicolás Guillén (Camagüey, 10 de julio de 1902-La Habana, 17 de julio de 1989), fue electo presidente, cargo que desempeñó durante los siguientes 25 años.

Aquella trascendental reunión se efectuó en el teatro Chaplin (hoy Karls Marx), como colofón de los encuentros efectuados dos meses antes en la Biblioteca Nacional, en junio de 1961, entre el líder de la Revolución y un nutrido grupo de escritores y artistas del país, ocasión en que Fidel pronunció lo que pasaría a la historia como Palabras a los Intelectuales.

A través de su prolífica obra lírica y prosa literaria y periodística, el autor de Elegía a Jesús Menéndez (1951) extendió una honda mirada a la historia de la Revolución Cubana y a su máximo líder, Fidel Castro Ruz, sobre el que escribió numerosos poemas y textos, como el aparecido el 13 de julio de 1975 en el periódico Granma bajo el título de Presencia de Rubén Martínez Villena, en el que califica de “poeta” a Antonio Maceo y al Comandante en Jefe.

“¡Cómo no han de ser poetas, y de los más vigorosos, hombres como Maceo, que desata la invasión —gran poesía— y Fidel Castro, que pone en pie a un pueblo, y lo lanza a la conquista de su propio destino! Cada una de estas acciones no es solo tema para la poesía, es la poesía propiamente dicha.

“El enfrentamiento de Rubén a Machado —agrega el Premio Nacional de Literatura 1983—, el de Fidel a Batista, y toda la larga lucha que se desprendió de aquellos gestos son poemas antológicos, que expresan dotes de carácter profundamente enraizadas en la épica universal, y pudieran ser estudiados como se estudian las grandes realizaciones literarias, hijas de la cultura y de la imaginación”.

Esa valoración sobre Fidel, demostrativa de la admiración e identificación que el fundador y presidente de la UNEAC profesó por él, ya se había hecho pública quince años antes, cuando el 18 de octubre de 1960, con el título de Realidad de la poesía, en el periódico Hoy, apuntó: “Pues poesía no es solo aquella que se encierra en el verso o en la prosa, la que puede vibrar en el lenguaje, sino asimismo la que se precipita a la acción. Tenemos la sospecha de que Fidel Castro no ha escrito nunca un pareado, pero nadie osaría negar la grandeza épica y la ternura lírica de toda su obra revolucionaria, que es un vasto poema, como ningún poeta ha escrito jamás en Cuba hasta hoy”.

En 1981 Fidel puso en el pecho del gran bardo la Orden José Martí (1981), máxima distinción que otorga el gobierno cubano a personalidades cubanas o de otros países que hayan contribuido de forma extraordinaria en la educación, la cultura, las ciencias y el deporte. Recuerdo que en aquella ceremonia efectuada en el Palacio de la Revolución —la cual cubrí como periodista— las dos grandes figuras de la cultura y la historia insulares se fusionaron en un abrazo, muestra de una devoción mutua y que el presidente cubano había profesado desde que vieron la luz algunos de los libros y textos periodísticos de corte social de Guillén, como West Indies (1935), LtdCantos para soldados y sones para turista (1937), El son entero (1948), entre otros.

Fidel confió siempre en las cualidades intelectuales y patrióticas del insigne vate, a quien también acompañó cuando recibió la Orden Félix Varela, de primer grado, junto con otros prestigiosos intelectuales cubanos; y en la entrega del Premio Mundial de Poesía Asan, otorgado por Asan Memorial Association, de Kerals, India, en un acto solemne efectuado en la sede de la Uneac y al que también asistió Gabriel García Márquez.

Muestra de la simpatía y apego del poeta a la obra transformadora de la Revolución Cubana y a su principal conductor, se evidencia en su poema titulado Te lo prometió Martí (o Se acabó) -incluido en el libro

Tengo (1964)-, el cual escribió luego de asistir al acto de clausura del Primer Congreso Latinoamericano de Juventudes, efectuado durante la noche del 6 de agosto de 1960 en el estadio del Cerro (hoy Latinoamericano), donde Fidel perdió la voz mientras leía el decreto de nacionalización de las empresas estadounidenses y Raúl Castro prosiguió la lectura durante breves minutos hasta que el héroe de la independencia nacional la recobró.

Según el destacado poeta, ensayista y promotor cultural, Roberto Fernández Retamar, había escuchado  en la calle, que este poema no era de Guillén, sino “de nadie”, lo cual evidencia la rápida identificación de esta transcendental obra con el pueblo cubano, el cual hizo suyo estos versos: Te lo prometió Martí/ y Fidel te lo cumplió/ Te lo prometió Martí/ y Fidel te lo cumplió;/ ay, Cuba, ya se acabó,/ se acabó por siempre aquí,/ se acabó,/ ay, Cuba, que sí, que sí,/ se acabó / el cuero de manatí/ con que el yanqui te pegó./ Se acabó./ Te lo prometió Martí/ y Fidel te lo cumplió

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