Creado en: octubre 16, 2021 a las 09:07 am.

Conocer las raíces, para no dejar que esta luz se apague

Doctor en Ciencias Políticas Abel Enrique González Santamaría.
/Foto del autor

Casa de las Américas ha empezado a retomar sus tradicionales encuentros de importancia cultural y política y en la tarde del viernes 15 de octubre presentó el libro «La ciudad en la colina: ¿será Estados Unidos?” (Ocean Sur, 2021), del Doctor en Ciencias Políticas Abel Enrique González Santamaría, vicepresidente de la Sección de Literatura Histórico Social en la Asociación de Escritores de la UNEAC. Al dar la bienvenida a la insigne sala Ché Guevara de esa institución, su vicepresidente Jaime Gómez Triana agradeció la presencia de historiadores e intelectuales en un lugar que se ha caracterizado, por décadas, de reunir a interesados en la historia de Nuestra América.

Con lenguaje directo, pensado para los jóvenes, el texto se propone contribuir al análisis, reflexión y debate del comportamiento de los Estados Unidos en los últimos años a nivel internacional, su situación interna y las elecciones presidenciales de 2020, con especial reflexión en las proyecciones hacia Cuba y los principales retos del nuevo gobierno. Tomando en consideración algunos artículos publicados por el autor en el periódico Granma y el sitio digital Cubadebate, más otras investigaciones, se expone una rápida y esclarecedora visión sobre el mito del “sueño americano”, la plataforma de “Primero Estados Unidos” de la era Trump y el dilema político de la pandemia, pasando por la Florida y el voto cubanoamericano en el centro de la disputa, entre otros temas.

Al hacer la presentación, el historiador y ensayista Ernesto Limia, vicepresidente de la Asociación de Escritores de la UNEAC, destacó que, a través de un texto relativamente breve y con análisis bien ordenados, el autor nos pone en condiciones de entender a los Estados Unidos en la actualidad, sobre todo en que el fenómeno “Trump” no es una persona, sino una circunstancia en ese país que ha generado una degradación de valores, dentro de una sociedad polarizada que exacerba la arrogancia y la impudicia.

“El libro llega en un contexto necesario”, indicó, para señalar que es el momento en que se está repensando la relación entre las ciencias y la política, donde se hace necesario la participación de las ciencias sociales y humanísticas en la toma de decisiones y la participación de la intelectualidad en la política exterior. “Cuando los yanquis aplican una política de terror psicológico, para debilitarnos y provocar fracciones – apuntando al corazón de artistas y escritores en la búsqueda de mercenarios y buscando más allá, en todos los sectores de la sociedad –, cuando sus órganos de inteligencia están a la ofensiva y utilizan las redes para poner en práctica sus objetivos, tenemos que profundizar en el conocimiento de nuestros adversarios”. En ese contexto, reconoció que “Casa de las Américas está recuperando una vida necesaria: la unidad entre pensamiento y arte, una muestra de que Casa sigue siendo el emblema del pensamiento cultural revolucionario”.

Destacó, como valor agregado del volumen, que el autor formó parte del equipo que “hizo la diferencia” en las relaciones bilaterales, durante el proceso negociador en la Administración Obama; y señaló los múltiples factores que se incluyen en el libro, desde los problemas de la más reciente emigración cubana – formada en nuestras escuelas, que ha tomado una posición furibunda contra la Revolución – hasta las contradicciones que encontramos en la sociedad norteamericana, a las que debemos prestar atención.

Por su parte, el autor agradeció la presencia del presidente de Casa de las Américas, Abel Prieto; del General de División y Héroe de la República de Cuba, Ulises Rosales del Toro; de la vicepresidenta primera de la UNEAC, Marta Bonet; del Premio Nacional de Historia y Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas, Alberto Prieto; entre otros destacados académicos, intelectuales y periodistas presentes en la sala. Al reconocer las palabras introductorias de Limia, coincidió en la trascendencia que tiene conocer al adversario y para ello hay que ir a sus raíces, entender el credo político en que se fundó la nación norteamericana.

Foto del autor

En ese sentido, señaló el rejuego que utiliza con el título del libro, pues desde 1630 el primer gobernador de la colonia de la Bahía de Massachusetts, John Winthrop, dijo que fundarían una “ciudad en la colina” que el mundo vería como un ejemplo a seguir. Ese argumento ha sido llevado y traído, una y otra vez, desde el desplazamiento de la población autóctona, la independencia de las Trece Colonias hasta la actualidad, con un grupo de valores que han tratado de vender e imponer “utilizando desde la fuerza hasta el encantamiento”. “Si hay un país que ha sido el balón de ensayo en sus diferentes etapas, desde George Washington hasta Biden, ha sido Cuba”, pues todos han tenido una mirada expansionista hacia nuestro país.

Reconoció el privilegio que tenemos de haber tenido a dos de los más grandes conocedores de la sociedad estadounidense: José Martí, el apóstol de la independencia, y Fidel Castro, el Comandante en Jefe. “Martí tuvo la genialidad de ver más allá de lo que cualquier viajero y analizar con profundidad lo que pasaba dentro de la sociedad norteamericana con sus ‘Crónicas’, que son reveladoras; Fidel fue capaz de desafiar la hegemonía de Estados Unidos en la región y hacer una Revolución autóctona, originaria, que es lo que no nos perdonan”, señaló.

Al hacer un recorrido por algunos aspectos que trata en el libro, resaltó la perspectiva doméstica y electoral que tiene el tema Cuba en la política norteamericana, desde hace décadas; la falacia del “modelo” que tratan de vender, donde mueren cada día más de 90 personas como consecuencia de las armas de fuego; los postulados de la Ley Helms-Burton y sus programas de “democracia” en Cuba, que promueven marchas, exposiciones, becas de entrenamiento y han dedicado más de mil millones de dólares en las últimas décadas para destruirnos; el uso de la radio y las redes “antisociales”, llenas de odio y división, dirigidas a crear dudas en la población y dividirnos; entre otros.

Para concluir, recordó el discurso que realizara Raúl Castro – martiano y fidelista hasta la raíz – durante su visita a esa sala de Casa de las Américas en 1959, cuando se comprometió a no dejar que se apague la luz de la Revolución cubana para los pueblos hermanos de América Latina y el Caribe. “Si seguimos unidos y batallando desde las posiciones que nos corresponde, bajo el liderazgo actual de la Revolución e inspirados en nuestras raíces, no dejaremos que esa luz se apague”, reafirmó.

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