Creado en: septiembre 1, 2020 a las 11:10 am.

Cayo Romano sitio de encanto, con miles de flamencos y grandes dunas arenosas en los ribazos, llenos de cocoteros y uvas caletas, es una de las reiteradas excursiones marinas del escritor.

Las visitas a Cojímar o al restaurante Las Terrazas, donde solía comer el novelista con su amigo Gregorio, el capitán del yate Pilar, nos motivaron a conocer sobre ese gran hombre que supo regalarnos esa bella obra titulada El Viejo y el mar.

En la Boca de Cojímar siempre estuvo el Pilar y su eterno patrón (capitán), el pescador cubano Gregorio Fuentes, en quien encontró Ernest Hemingway (1899-1961) una inspiración para escribir esa fascinante novela.

Precisamente fue aquí en Cojímar donde el famoso novelista conoció, en 1928 a Gregorio Fuentes (hijo de Lanzarote, en España, donde nació el 11 de julio de 1897, y de Cojímar, en La Habana, donde pasó la mayor parte de su vida). Pero no fue hasta diez años después que Fuentes se convirtió en el patrón del yate Pilar, fabricado de caoba y roble, con una eslora de 11,86 metros y manga de 3,65 metros. La trilogía: Ernest, Gregorio y el Pilar navegaron por los escenarios reales de la otra novela del escritor: Isla en el Golfo.

¿Cuántas veces desde Cojímar inició el escritor norteamericano Ernest Hemingway incursiones hacia el iceberg conocido en el norte de Cuba como Cayería de Romano? Incursiones que permanecían ignoradas, desconocidas, no estudiadas hasta hoy, y que tienen una relación con la obra y la vida del autor de El viejo y el mar en la Mayor de las Antillas, a lo largo de más de tres décadas.

El escritor Enrique Cirules, quien me revela estos secretos, se ha dedicado a investigar la presencia de Hemingway en Cuba; sus aventuras y experiencias en el remoto y paradisíaco archipiélago de la zona norte de Camagüey.

Cirules nos narra que Hemingway se aficionó a la fabulosa Habana desde 1929, cuando realizó su segunda escala en la capital cubana, esta vez por espacio de casi dos meses. Por esos días conoció a una de las mujeres más esplendorosas e imprevisibles de la época, con las que sostuvo intensos y escandalosos amores.

Estas experiencias le permitieron a Hemingway conformar algunos personajes femeninos, en obras como La breve vida feliz de Francis Macomber, y en la novela Tener o no tener, editada en 1937.

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