Creado en: septiembre 21, 2021 a las 01:16 pm.

Paquita de Armas, «mirar y cuestionar»

A propósito de la crítica cultural y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, una conversación con la periodista Paquita de Armas.

Paquita de Armas Fonseca llegó a este mundo atravesada. Su madre cuenta que desde dos semanas antes del parto, la bebé se había situado de manera inusual para salir al exterior. La Paquita periodista afirma que por genética ella es una persona de «mirar y cuestionar». Desde muy niña comenzó a leer filosofía y según ella «no hay filosofía que se respete que no sea crítica, porque cuando no se es crítico, no se transforman las cosas».

«Como periodista, escribir de algo sin dar tu opinión no vale, porque incluso en la información se está opinando, cuando se decide escribir de un libro y no de otro. El periodista siempre ejerce el criterio aunque no sea su intención», afirmó.

Francisca Armas Fonseca (Paquita) es una periodista cultural en todo lo largo y ancho del concepto. El cine, la radio y la Televisión Cubana han sido el centro de su extensa obra. Colaboradora de espacios como el diario digital La Jiribilla y el Portal de la televisión cubana, fue Jefa de Redacción de la Revistas Somos Jóvenes y  El Caimán Barbudo, la cual también dirigió.

¿Por qué la crítica periodística?

La crítica me ha dado satisfacción, a pesar de que hay directores, actores, camarógrafos etc, que me han dejado de hablar. Pero cuando una obra sale al aire, sale al ruedo y en ese momento tienes que dejar que se opine sobre ella. Yo salgo al ruedo también opinando. Hay personas que me dicen horrores, o que mis críticas les han hecho daño.

El ejercicio del criterio es importante en todo tipo de prensa y hay que ejercerlo con responsabilidad. Si tengo una opinión de algo que funciona mal en la UNEAC, tengo dos caminos: o publicar en Facebook y que me comenten y aplaudan; o llamar a la persona y decirle lo que pienso. Tal vez estoy equivocada y esa persona me da los elementos para convencerme. Es un problema en nuestro país la falta de crítica, no solo en el sector periodístico, también en la vida cotidiana para contribuir a que mañana seamos un poco mejores.

No es fácil ejercer la crítica. Hay trabajos a los que les doy vueltas más de 15 días y luego me arrepiento de alguna palabra. Pero, a la larga, también tengo buenísimos amigos que han salido de una crítica que hice.

¿ En qué debe cambiar la televisión para lograr que lleguen mejores propuestas a los cubanos?

«Hacer una programación como sistema es una asignatura pendiente en la televisión. A veces cambio de canal y me doy cuenta de que en cuatro canales están transmitiendo programas musicales. Es cierto que pueden ser de distintos géneros, pero siguen siendo música. Si los canales son autónomos y cada uno va a hacer lo que quiere sin ver la televisión como sistema, entonces habrá canales preferidos y otros que no se verán.

En un país donde conseguir un poco de pollo es un problema, porque no hay dinero, cómo se va a malgastar lo que cuesta hacer televisión. La gente ve Cubavisión, por inercia muchas veces, pero hay programas como «De tarde en casa», que tiene mucho público y es necesario. Si yo programara esa revista, la pusiera en un horario en que no choque con otros espacios como la Mesa Redonda y el Noticiero Cultural.

Además, hay programas menos favorecidos por el público que necesitan una promoción inteligente. Promocionar no es solo mencionar, es también mostrar el contenido del programa en otros espacios. En resumen, o se ve la televisión como un sistema en que se acomoden bien las fichas o cada canal es autónomo y la gente escogerá.

¿Cómo llega a la UNEAC?

Yo tenía un vínculo con la UNEAC como periodista que escribía sobre la organización, pero en los años 90 decidí ser miembro de la Asociación de Cine Radio y Televisión. Luego fui electa de la Sección de Crítica y comencé a organizar los eventos Caracol. Dentro de los grandes placeres y recuerdos que me llevaré, está el haber organizado esos y otros espacios teóricos en la UNEAC, durante la época más crítica del Periodo Especial.

¿Cómo fue el Periodo Especial?

En esa etapa la UNEAC, bajo la dirección de Abel Prieto, era la organización que le daba vida a Cuba. Entonces, no había ni comida, ni transporte, ni nada, pero la UNEAC siempre estaba llena y los debates duraban horas.

En esos tiempos Joaquín Cuartas tenía una radionovela al aire llamada «Como la vida misma» que había logrado paralizar el país a las 11am. Por eso, Lisette Vila y yo organizamos un encuentro con el elenco de la novela. A ese espacio vino mucha gente, la Sala Villena y el patio se llenaron, e incluso hasta la calle 17. La gente se emocionaba al ver por primera vez las caras de los actores y actrices, pero para mí la mayor felicidad fue ver la cara de Joaquín cuando se le aplaudió por ser el escritor de la novela. No se trataba solo de reconocer a un escritor, sino la interrelación entre una obra de ficción y el público. En aquellos tiempos se decía que la UNEAC era la segunda sede del Festival Internacional de Cine Latinoamericano, porque por aquí desfilaban actores actrices y directores en encuentros paralelos al evento.

¿Cómo ha sido su experiencia en el espacio digital?

Las redes sociales me han permitido intercambiar con muchos jóvenes y me hace sentir viva que me lea una generación que va naciendo. Actualmente, quiero aprender a editar videos para crear un blog con estos contenidos. No puedo pedirle a las personas de mi generación que hagan esto, pero sé que mientras más avancemos en la digitalización cubana, menos televisión se verá. Las redes sociales están para aprovecharlas.

El lenguaje de las redes complementa el periodismo tradicional. Tengo el gusto de intercambiar y debatir con mis lectores en esos espacios. Una de las últimas polémicas a la que me enfrenté fue por la telenovela «El rostro de los días», hubo comentarios negativos pero a mí lo que me importa es que me lean. Yo tengo el gusto de ser una de las periodistas más comentadas en Cabadebate y leo todos los comentarios. En las redes el periodista sí sale completamente al ruedo, ahí te leen, te critican, o no. 

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