Creado en: agosto 31, 2021 a las 07:18 am.

15 minutos en la vida de Carlos Collazo

Lamentablemente, no creo que estas cuartillas lleguen a los 15 minutos, que en verdad merecería mucho más… ni tampoco pretenden profundizar como tanto interesaría, y se debería, en la vida y obra de Carlos Collazo, creador, director y conductor de espacio que, a pesar de ser aun relativamente joven entre tantos otros de la televisión, ya es singularmente trascendente, y digno a considerar de sumo interés para el patrimonio nacional. Solamente con tan emblemático programa semanal en televisión, que es mucho más que una obra, no alcanzarían los 15 minutos para referirnos a Collazo con un mínimo de dignidad.

Lo ideal hubiera sido detenernos en estas cuartillas al menos, con una pequeña parte de los vastos resultados investigativos que logra Collazo sobre cada uno de los sujetos que devienen su objeto de estudio en cada programa; pero no por ello debe pasarse por alto, ni retardar más este artículo, y mucho menos en el corriente año 2021, cuando en agosto celebramos los 60 años de la Uneac, de la cual a no pocos de sus más descollantes miembros los hemos descubierto mucho más y mejor en estos sus audiovisuales, casi familiarmente; y cuando al mismo tiempo, Collazo está cumpliendo diez años de haber realizado su primer documental: Muy cubanas.

Para festejar tal efeméride como realizador, en este año 2021 Collazo hizo una versión de aquel su primera obra, en la que cincuenta actrices hablaban sobre la mujer cubana en todas sus épocas; esperemos que, con la promoción necesaria, no tardemos en disfrutar esta nueva obra, versión de su original.

Lo justo y necesario, hubiera sido mostrar aquí los resultados de una investigación mucho más profunda, suerte de historia de vida sobre Carlos Collazo, que es lo mismo que él ha realizado sobre todos y cada uno de aquellos altos nombres de nuestra cultura que han sido el objetivo de cada uno de sus programas. Honrar honra, y mucho y muy justamente ha honrado Carlos Collazo a tantas cimas de la cultura cubana, y por esa vía indirectamente a nuestra Uneac cumpliendo 60 años (entre sus mejores tributos) y con toda justicia a sí mismo y a su propia obra en este su décimo aniversario como realizador en las artes audiovisuales, y aun cuando es obvio que no ha sido su propósito (quizás por ello, mucho más), se impone no menos que lo honremos a él.

Consciente de ello, sin embargo, estas breves líneas no pretenden, ni pudieran lograr aun cuando fuera el objetivo, la historia de vida sobre Carlos Collazo, que él mismo ha hecho sobre tantas glorias de las artes cubanas.

Y al referir historia de vida como método científico clásico de la Antropología, y del que han resultado obras cumbres para nuestro máximo deleite y el patrimonio nacional como lo son Cimarrón, Gallego y La Bella del Alhambra (en estos casos, a partir de las investigaciones del Dr. Miguel Barnet, quien desde el IX Congreso de junio del año 2019 es Presidente de Honor de la Uneac y durante muchos años antes, su presidente), es menester entonces agregar, que sus programas de Collazo que hemos podido disfrutar en la pequeña pantalla (y que en este verano lamentablemente, no estamos viendo, ignoro las causas, aunque se supone que las haya… confiemos que pronto veamos muchos más) clasifican cuando menos, de sumo interés a quienes hablan tanto de la Antropología Audiovisual como de la Antropología del Arte… pero poco las comprenden, atados a convencionalismos y clisé que distorsionan y tanto limitan a la Antropología.

Es muy difícil entre tantas joyas de su programa, mencionar algunas, sin correr el riesgo de ser injusto con tantas otras, cercenando incluso la verdadera magnificencia de su proyecto. Confieso que ni siquiera he podido apreciarlas todas, cuando valdría la pena atesorar la colección completa. Al menos quiero recordar aquel que dedico a Gina Cabrera, emblemática actriz cubana que tanto ha enraizado en nuestra cultura y vive en nuestra memoria histórica popular: “ahí está Gina Cabrera”, suele decirse para insinuar que alguien está actuando un personaje, y ocultando su realidad. Además de este sobre Gina Cabrera, recordemos los programas que dedicó a Miriam Mier, Roberto Gacio, Amada Morado, Maritza Rosales, Manolín Álvarez y muchos más imposible de mencionar aquí, pero no menos valiosos; sería de sumo interés contar con el listado completo, pero ello dificultaría profundizar analíticamente ahora integralmente en los valores de su programa en general.

Y aunque los actores que han motivado este programa abundan, esta obra que debiera completarse enciclopédica para zonas vitales de las artes cubanas, ha incluido también cantantes como Bernardo Lichilín y Yolanda Hernández, que a menudo devienen también actores al interpretar óperas y otras obras de la escena musical cubana y de otros países; o incluso, personalidades esenciales en áreas sin las que la obra resultante de los anteriores no se lograría con todo el arte requerido, como es esa inmensa del vestuario que responde al nombre de Piedad Subirat.

Es el encanto de esta obra de Carlos Collazo: que en cada programa, trasciende con creces más allá de oropeles y lentejuelas, brillos y luces del espectáculo, al imaginario, a la memoria histórica y a la tradición (a menudo facilista y reduccionista) en que se han montado muchos de estos nombres; y es precisamente el valor que aporta, al demostrar cómo el arte se crece al infinito cuando se sabe auxiliar de las ciencias y al investigar en la vida de todos y cada uno de los sujetos objetivos de cada programa, nos los devuelve en su más intensa humanidad y su contexto integral, y avanza en genuinas historias de vida, enriquecidas por todas las opciones visuales y sonoras que ofrece este arte, desde audiovisuales previos en que hayan intervenido con otras entrevistas o sus propias y más legítimas interpretaciones, hasta fotografías de otras personalidades afines y sus allegados, sus casas donde vivían o entidades donde hicieron sus obras y otros lugares, diplomas y otros reconocimientos, programas y un vasto etcétera; y en la entrevista a cada artista en cuestión así como a sus familiares y otros allegados, sobre todo para completarnos la imagen de aquellos que lamentablemente, ya hubieran fallecido, y a quienes llega este, como un postrer y muy merecido tributo, y regalo a nuestro pueblo y a nuestra cultura; lo cual sin la menor duda, es uno de los más auténticos homenajes a la Uneac en sus 60 años de vida y obra, y colofón a estos diez años de vida artística de Carlos Collazo sobre quien, sin la menor duda, vale la pena profundizar como él ha hecho con tantas cimas de la tupida constelación de las artes cubanas, durante mucho más de 15 intensivos minutos.

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