Creado en: noviembre 19, 2022 a las 11:19 am.

Fernando Pérez y ¿el tráfico de emociones?

El padre del cineasta vivo más importante de Cuba se llamaba Alfonso Pérez. Le apasionaba la astronomía, la geografía, los movimientos internos del planeta y el universo. Para quien cree en la reencarnación, bien pudo ser el alma de un filósofo, un científico o un astronauta dentro del cuerpo de un cartero. Su libro de cabecera era el Diario de Navegación de Cristóbal Colón. Alfonso nunca viajó, navegó o vio la Tierra desde el espacio, pero recorrió largas distancias en La Habana, mientras repartía otro tipo de sabiduría más íntima: la correspondencia.

Su hijo, Fernando Pérez, descubrió que existían los directores de cine por Alfonso. Ambos tenían la manía de ir al Carral y el Ensueño, dos cines de Guanabacoa. No olvida la primera película El Indio Gerónimo, un western en blanco y negro, y aquella que vieron juntos, cuando tenía 13 años en 1958: El puente sobre el río Kwai, de David Lean.

El Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) se fundó en marzo de 1959. Tres años después, Fernando siguió los pasos de su padre y se contrató ahí como Asistente de Producción C, un título largo que significaba mensajero.

El hijo de Alfonso no llevaba cartas a direcciones específicas. Sus misiones eran otras, vinculadas con locaciones, guiones, luces, planos y secuencias. No era más el muchacho, sentado en un butacón del Ensueño, frente a la gran pantalla, sino un miembro del equipo detrás de cámaras, de esas caras que nunca salen en las escenas, otro nombre oculto en los créditos.

No sospechaba el Premio Nacional de Cine 2007 que traficaría con un material mucho más valioso que todo el aparataje del séptimo arte: Las emociones obsesionaron al creador de Clandestinos, Suite Habana, La vida es silbar, José Martí: el ojo del canario e Insumisas.

En la memoria de los espectadores quedan varias imágenes: Luis Alberto García sostiene a Isabel Santos ensangrentada y grita: «La voy a entregar viva» …A un José Martí adolescente lo acusan de traidor y responde: «Viva Cuba Libre» ….Enriqueta Faber, la primera mujer que ejerció la medicina en Cuba, viste de hombre y se mete en las lomas de Baracoa…Los nombres de la capital son muchos pero Fernando prefiere La Habana de Iván, Francisco, Norma, Waldo, Jorge Luis, Heriberto, Natividad, Amanda, Ernesto, Julio, Raquel, Inés y Juan Carlos. Posiblemente no termines de leerlos o te saltes algunos, pero si miras las historias y no los nombres, la ciudad se mostrará tal cual es, sin postales para turistas.

Santiago Álvarez fue el mentor de este profesor de Apreciación Cinematográfica e Historia del Cine en la Universidad de La Habana y la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Hay tres momentos que recuerda con especial cariño: el Noticiero ICAIC, el Grupo de Creación con Manolito Pérez y la Muestra de Cine Joven.

Fernando Pérez asegura tener un carácter melancólico y nostálgico, pero defiende las nuevas voces y relatos, la trasformación y la experimentación. El Fondo de Fomento del Cine Cubano (FFCC) se derivó del Decreto Ley 373/2019 del Creador Audiovisual y Cinematográfico Independiente. Desde ese espacio, el artista también ha defendido el celuloide cubano y a quienes desean contar un país diverso con calidad y pasión.

En el momento más crudo de la Covid-19 en la Isla, el ICAIC se alió a grupos de creación independiente para rodar los Cuentos sobre un día más, con seis directores, guionistas, directores de fotografía y editores diferentes. Fernando Pérez guio las historias de la pequeña Mara con los vecinos de aquel solar. Los relatos reflejan los métodos de subsistencia de una madre cubana, la muerte, el renacimiento, la necesidad de la interacción humana, el amor y la soledad.

Su más reciente proyecto se titula Riquimbili o El mundo según Nelsito. Uno de sus protagonistas es un adolescente autista de 16 años, cuya fuga nos adentra en otras realidades de los municipios Alamar, Boyeros, Plaza de la Revolución, Habana del Este y Diez de Octubre. Será un largometraje coral con humor negro, que aprovecha también el melodrama y el musical.

«Yo soy cineasta, pero también soy cinéfilo», confesó en una ocasión y añadió en una entrevista con el periodista Sender Escobar: «Hoy sé lo que es realizar una película. Pero sigo convencido de que lo que despertó en mí la pasión por el séptimo arte es poder vivir en una sala cinematográfica tantas vidas como películas he visto».

Las vidas de Fernando Pérez comenzaron un poco antes del Indio Gerónimo en el cine de Guanabacoa, exactamente el 19 de noviembre de 1944. El hijo de Alfonso fue mensajero como su padre, pero prefirió entregar emociones y no cartas. A diferencia de su padre, que recorría varios kilómetros al día, los espectadores acuden a buscar las vidas de Fernando. Ya no es un nombre cualquiera entre los créditos o una cara desconocida en los equipos de filmación. Pero sigue sentándose en los butacones del cine y admirando con ojos de niño la gran pantalla.

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