Creado en: septiembre 22, 2020 a las 02:15 pm.

Los Pasos firmes de Yoel Infante

Autor: Paquita Armas Fonseca

Las redes sociales pueden servir para cualquier fin. A veces convierten en viral un asunto sin probada trascendencia. No fue el caso de cuando se transmitió el teledrama Pasos firmes en ese buen espacio Una calle mil caminos, que Cubavisión presenta los sábados a las dos de la tarde.

Con buen tino, se decidió su retrasmisión en horario nocturno y aumentó el aluvión de comentarios. Yo me lo pensé antes de enviarle un cuestionario a Yoel Infante, el director. Fui una de las periodistas que criticó La sal del paraíso, y por experiencia propia sé que hay directores o actores que te dejan de hablar.

Yoel no solo me respondió amablemente, sino facilitó que yo pudiera escribir estas líneas. El realizador reconoce el trabajo del equipo que hizo posible Pasos firmes, otro mérito a su favor, además de reconocer el papel de la crítica, aunque te pueda herir, hecho que no es común en nuestro medio.

Hasta ahora el 2012 ha sido tu año ¿casualidad o acumulación de trabajos?

Lavadora fue mi tesis de la FAMCA, a la que por obviedad le tengo mucho cariño.  Fue lo primero que escribí y dirigí y que a su vez me llevó a participar en el Festival de cine de La Habana.

El otro corto lo hicimos el fotógrafo –Alejandro Valera—  y yo, como se dice en la calle, al pecho. Quiero decir con tres pesos y la bondad de los actores que nada cobraron a cambio. En el caso de Desencuentro fue mi primera vez dirigiendo para la TV.  Quiero decir yo solo. Amilcar escribió una historia muy linda sobre la tolerancia y la aceptación a lo diferente, y me dijo que ya era hora de dirigir en la televisión pues yo llevaba años trabajando como asistente de dirección.

Los premios fueron el extra.  Algo que llega y punto, pero debo decir que no fue algo que en aquel momento me sentara a procesar. Mis ojos estaban en lo próximo a dirigir.

Más que casualidad fue el ímpetu del comienzo. Los deseos de comerme el mundo y de demostrar que podía dirigir.  La decisión de dedicarme a este oficio, en mi caso, llegó pasada la juventud y cuando logré materializarlo  ya estaba cercano a mis cuarenta.

¿Por qué la actuación? ¿Lo tienes en algún gen?

Actuar fue lo primario. Yo era un guajirito de Güira de Melena y soñaba con salir en la televisión montando a caballo. Eso fue mi infancia, las aventuras en familia. En particular unas aventuras que hizo Manuel Porto que se llamaba El águila y que me parece fue el motor impulsor para que aquel niño quisiera un día ser actor. En mi familia hay una prima de mi madre que es actriz, santiaguera ella, pero cuando la conocí ya vivía en España y había dejado la profesión, y tengo un sobrino que también estudió actuación.

¿Decidiste estudiar dirección porque la actuación no ser te daba?

Debo aclarar que mi primer título en arte fue de la antigua Escuela de Instructores de Arte (ENIT), de donde se graduaron muchos de los que hoy conocemos en los medios. Laurita de la Uz, Ernesto Fiallo, Tamara Castellanos, Lester Hamlet, etc. Fue una buena etapa y allí creo se aprendía bien. Recibimos clases de actuación y de dirección. De hecho, la graduación era como Director. Recuerdo que mi tutor fue Carlos Díaz. Lo que pasa es que en esa época yo soñaba con actuar y no con dirigir.

Esa decisión llegó años más tarde y casi por una cuestión económica. Yo tenía mi primer hijo y el salario que ganaba en el teatro no me era suficiente para sostener a la familia y pensé como vía de escape en la otra especialidad en la que me había graduado en la ENIT, Dirección. Entonces abrí el horizonte y hablé con Magda González Grau, que por ese entonces era la Jefa de la Redacción de Dramatizados, para plantearle mis deseos de dirigir en los medios. Ella me abrió las puertas del grupo creativo, me aconsejó que empezara haciendo asistencia de dirección para que aprendiera el oficio en lo que me presentaba a las pruebas de la FAMCA por el curso para trabajadores. Y eso hice.  Trabajé casi 12 años como asistente porque siempre pensaba que aún no estaba preparado. Lo que casi empezó siendo una escapatoria económica terminó siendo mi gran obsesión y mi gran pasión. En resumen, creo que como actor puedo ser correcto, pero lo que siento cuando dirijo no lo he sentido en la actuación. Dirigir actores me apasiona, es como moldear la arcilla.

¿Y la escritura? ¿Cómo nació ese afán de contar cosas?¿Cuál fue tu primer guion con Amilcar Salatti? ¿Con que otros autores has compartido tus demonios a la hora de escribir?

Empecé diciendo que mi tesis la escribí, pero fue más por atrevimiento. Después decidí que no podía dedicarme a tantas cosas si quería ser medianamente bueno en algo. No todos los días nace un Chaplin o un Orson Wells.

A Amilcar Salatti le proponen escribir la serie Zoológico y a su vez me proponen a mí dirigirla. Y a Amilcar se le ocurre que yo podía escribir con él, pues como la iba a hacer iba a ser muy bueno. Y de arrestado acepté. Tengo que confesar que fue un placer enorme escribirla. Lo demás es historia. Todos conocen el resultado de la serie en el público.

De alguna manera, ver cómo había funcionado la serie me dio seguridad para creerme que podía dedicarme a escribir. Ahora estoy escribiendo una novela a seis manos. Amilcar Salatti, una joven que recién comienza en el oficio María Claudia Figueroa y por supuesto yo.

He tratado de mantenerme haciendo las dos cosas. Pero debo aclarar que lo que realmente me apasiona es la dirección.

Recibiste aplausos de la crítica en Sacrificio, Desencuentro y Lavadora por nombrar algunas de tus piezas, no así con La sal del paraíso ¿cómo reacciona el creador cuando le señalan defectos a tu obra?

Esta es quizá la respuesta más difícil de dar para mí, pues toca un momento sensible de mi vida. Por supuesto que a toda persona le gusta que la halaguen. Es inherente al ser humano. Mi hija de tres años puede dar fe de ello.  Pero debo decirte que soy de las personas que no presume de ello y que incluso no sé cómo responder con naturalidad a los aplausos. Quizá por pena o vergüenza me corto ante eso.

Para hablarte de la crítica, creo que es mal mirada en muchos casos, pero para mí muy necesaria. Creo que es enriquecedora, aportadora, que encausa muchas veces a los artistas. La crítica da luces a la ceguera en la que muchas veces caemos los creadores. Ahora, y me parece vital esto que voy a decir, la crítica ante todo debe venir aparejada al respeto, a la consideración, a un interés en mejorar y entender los procesos artísticos. Una obra de arte es para el creador como un hijo. Cualquier padre sabe de lo que estoy hablando. El creador se esfuerza en pensar, soñar, ejecutar y parir una obra, un proyecto o cualquier material artístico y pide, al menos, respeto para ella. Toda esta vuelta la he dado para explicarte que cuando mi novela La sal del paraíso salió al aire, se ejerció mucha crítica hacia ella desde la agresividad, desde el irrespeto, y sin miramientos se despotricó de ella y de mí como realizador. Y eso es doloroso.

Sobre todo porque los artistas no tenemos una varita mágica en la mano y muchas veces nos podemos equivocar, errar el camino y no hacer la obra esperada por todos, pero no por ello merecemos que se nos ataque, se nos agreda, y no me refiero física, sino espiritualmente, que es más doloroso. Por eso le digo no guardo un buen recuerdo de ese momento, no por ser criticado, sino por ser irrespetado. Aun así, soy de los que cree que es necesaria la crítica a todos los niveles, no solo en lo artístico. La crítica puede hacernos mejores personas y mejores artistas.

De todas esas obras escritas –o escribiendo— ¿cuál o cuáles esperas que sean un suceso parecido a Pasos firmes?

El arte es en muchos sentidos impredecible. Uno nunca sabe cuál será la obra que más va a calar en el público aunque todas se piensen con el mismo amor y pasión. Soy de los que no les gusta crear falsas expectativas porque la vida me ha demostrado que atenta contra la obra misma. De todas formas hay tres proyectos en los que estoy inmerso ahora y que me desvelan, cada uno por diferente razón. Un teleplay que está en pleno proceso de realización, detenido momentáneamente por la cuarentena, se llama El viaje, es el primer telefilme que escribo y tiene mucho de historia personal. La historia trata sobre un niño que huye de su casa porque es maltratado, y va al encuentro de su padre, a quien apenas conoce, buscando refugio. Es una historia para hablar de la importancia de la familia y de la paternidad responsable.

Lo otro es un guion de un largometraje sobre la tercera edad escrito por Amilcar Salatti y que presentamos en la categoría de Desarrollo en el Fondo de cine Cubano. Esta sería mi ópera prima en el cine.

Y por último, una teleserie coescrita con Amilcar sobre el Jazz joven cubano, de trece capítulos y género musical. Con coreografía, baile, canto, y donde los actores van a interpretar piezas reconocidas de lo mejor del jazz joven cubano, que pretende abordar temáticas como las masculinidades en Cuba en las edades comprendida entre los 18 y los 25 años. Ojalá y cada una de ellas sea acogida en su momento con amor por el público.

¿Te pertenece el asunto de ese teledrama que ha despertado tan buena opinión de crítica y público?

Pasos firmes tuvo un largo camino antes de llegar a mis manos. Pasó por varios directores que no pudieron por diferentes razones hacerlo. Hasta que un día Amilcar me llama y me lo ofrece pues Albertico (Luberta) iba a dirigir Entrega y le iba a ser imposible. Me lo leo y aunque debo reconocer que el deporte no es mi fuerte, la historia me cautivó. Hablar de la discapacidad, y no me refiero a la física, me interesaba mucho como tema. Pasos firmes muestra la discapacidad desde muchos lugares, desde la diversidad de puntos de vista, y creo que es unos de los tantos logros del guion. Es la discapacidad de los seres humanos muchas veces para entender al otro, para ser amable, para aceptar la diferencia. Por eso decidí hacerlo, por lo humano que había detrás.  Y me parece que es lo que ha generado que los públicos conecten con ella de la manera tan sorprendente que lo han hecho.  Eso sin restar esa habilidad que posee Amilcar como guionista capaz de hacer del drama y de las debilidades humanas un estudio casi antropológico.

¿Cómo elegiste el elenco, especialmente el ciego?

Salvo en raras excepciones, no suelo hacer casting. A Omar ya lo conocía desde su etapa de estudiante. Confié siempre en sus potencialidades y esperé tener en mis manos un personaje que pudiera abordar desde su sensibilidad y humildad, cosa que hizo con el personaje de Dany y que, tengo que confesarlo, adoro como logró vivirlo. Y digo vivirlo porque la palabra interpretar no me gusta.

Con respecto a Víctor Cruz debo decir que no lo conocía personalmente. De hecho no era el actor que iba a interpretar este personaje al principio, pero quien lo iba a hacer, Francisco López, no pudo porque le coincidía con otro proyecto.

Entonces Yaremis Pérez, la directora de casting, me lo sugirió y sí, lo sometí a un casting.  Debo decir que a pesar de su edad es un excelente actor y con un mundo espiritual hermoso. Y es de los actores que no hacen nada que no sientan o no comprendan y el proceso de ensayos fue rico por eso, porque hasta que no entendió a Gustavo, sus miedos, sus debilidades y su fragilidad no pudo hacer suyo al personaje.

¿Con quién te asesoraste para meterte en mundos ajenos: ceguera y deporte?

Para la ceguera nos auxiliamos de la dirección y claustro de la escuela de ciegos y débiles visuales de Ciudad Libertad.  Víctor tuvo muchas sesiones donde le enseñaron a usar el bastón, la máquina de escritura Braille, cómo orientarse, caminar, en fin, a lograr un virtuosismo al respecto. Además de pasar horas allí, viendo a los niños ciegos en su entorno.

En cuanto al deporte fuimos a la mata. Miriam Ferrer, la entrenadora del equipo paraolímpico, fue quien nos asesoró y quien estuvo con los actores en su entrenamiento. A ella agradezco infinitamente. También a Yipsi Moreno, que nos abrió las puertas y nos facilitó muchas cosas para que Pasos firmes saliera con la calidad requerida. No puedo mencionar a todas las personas del INDER que nos apoyaron porque son muchas, pero a todos les estoy agradecido.

Lo que no te haya preguntado

Por último, quisiera decir algo antes de cerrar la entrevista, y es que una persona, sola, no puede hacer un audiovisual. No es una frase hecha cuando se dice que es un arte colectivo. Sin la comunión de todas las especialidades y personas que lo hacen no es posible lograrlo. Y aprovecho este momento para agradecer a todas las personas del equipo que dieron todo su amor para que Pasos Firmes saliera con decoro. Este es un medio en el que sin pasión poco se puede lograr.  Al público gracias y a usted por la entrevista.

(Tomado de Cubadebate

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